13 abril 2009

quasi una fantasia

este dolor es un molino que cuando abre sus postigos en mis adentros deja volar una canción que se fragmenta en mí y entonces no hay más que niebla en el cielo, y es de azufre el horizonte entero.

entonces soy yo esa canción, una canción que nunca acaba y sobrevuela como si fuera a terminarse en cualquier momento. tantos compases se agolpan aquí, aquí, aquí, es inconmensurable este acorde de mí, voy pereciendo como si fuera arena con una parsimonia desquiciante, pero tan dulce a la vez...que nunca acabe, no quiero acabar nunca. quiero ser canción eternamente, agotarme allá, tan afuera de mí, mezclarme con esos pedazos de invierno que siguen enmascarados bajo esta primavera tan hostil, derramarme como un río de lo que jamás podré ya ser, porque no soy, no soy ahora esa raíz de la que pueda brotar mi posterioridad, no, ya nada soy, no soy ya ese comienzo de mí, ni tan siquiera el fin, ni yo en sí, ni nada, nada, nada, nada, nada soy, nada, nada, nada. nadie me puede entender, es una soledad sin límites y tan apacible...me acecha aquí adentro una terrible aventura tan vacía de sí, que ya no hay nada, que me vacía con su vacío. no hay cambio, nada cambia, nada cambia.

la lámpara de este cuarto alumbra estas paredes que de repente se curvan hacia adentro, y me van presionando, y se comprime la habitación entera, y de repente empiezan a llover los ríos de mis adentros, y creo ver cómo se van deshilando las paredes enteras, y qué queda, nada queda aquí más que un eco hiriente de lo que fui antes, cuando empezaba a escribir todo esto, esa canción tan lenta y sin fin. ya ni canción puedo ser, ya ni canción soy.

nada, nada cambia. todo sigue tan igual. maldita sea, este vacío que se prolonga desde no sé a dónde, no sé yo desde qué infinidad hasta aquí, y aquí acaba, ¿pero por qué tiene que acabar justamente aquí, y no prolongarse más allá de mí, y atravesarme sólo como una transparencia más? y de repente me doy cuenta que soy yo esa infinidad desde la que se prolonga el vacío. ¿cómo alcancé esta distancia sin dejar de morirme? ¿como pretendo que no acabe aquí todo el vacío si soy yo misma ese vacío?

nada cambia. todo igual, como ayer, como hoy, como mañana y siempre, y los días paridos de un mismo útero de rutina empiezan a enroscarse como postales enmohecidas a mi médula espinal, y poco a poco me van aletargando y hundiendo en una ciénaga profunda de hastío, un hastío tremendo, que me sabe en todas las palabras que escribo.

¿y para qué, para qué, para qué escribo, para que me roben las palabras los demonios, y copulen con ellas, y envuelvan de infiernos todas mis perspectivas, y de repente aparezca crucificada en cada fracción infinitisimal de mis palabras? ¿por qué diantres tengo que escribir? ¿por qué tengo yo que tener eso, y padecerlo como una cruz por siempre, siempre, siempre, por siempre y siempre?

ya no me podrá abandonar jamás: el cambio de fuera, nunca llegará. aquí, adentro, ya todo cambió por siempre.