29 abril 2020

la sangre no tiene nada bello.
es la manera que tiene el cuerpo de rebelarse al alma,
es la manera que tiene el arma de reírse del cuerpo:
puedes sangrar, lamer tu sangre, llorar, manchar de sangre cada mejilla,
pero sigue siendo una corrupción de una naturaleza bella,
aquélla que seguirá su sendero paralelo a tu funeral,
aquélla que seguirá floreciendo en cada parte del mundo cuando no estés,
y piensa lo que quieras pensar,
pero tu sangre no vale más que un suelo húmedo en verano:
tu sangre, por mucho que la quieras rescatar,
es el canal podrido de tu alma enferma y desesperada por no llorar.
pues, ¡llora!,
no hay nada más hermoso que llorar.

25 abril 2020


cuando la piel del rostro tenga dos grietas y dos ríos viajen a través de ellos
para encontrar un mar sin esperanzas a tus pies,
cuando manos grises y frías emerjan de la oscuridad para arrastrarte hacia ellas,
cuando un grito despierte al mundo entero antes de que tú consigas dormir,
cuando un barco sin barquero toque su sirena varias veces para llamarte
y tú por fin te alejes con el fusil al hombro preparado para morir,
cuando te desangres en tu primera batalla enfrentado a ti mismo
y decidas seguir vagando por el desierto de tu propio ser,
entonces podrás entender si aquéllo que viviste era un sueño,
entonces podrás saber si aquéllo que creías sueño no era más que un sueño.

26 marzo 2020

cualquier tiempo pasado fue mejor.
recuerdo españa en una mañana de invierno en madrid.
la vida estaba ahí y yo me tropecé pero fue un momento feliz.
recuerdo el mundo con su vida, pero su vida.
ya nada queda,
solo dolor.
gritos en ciudades,
cuerpos que lloran:
nada volverá a ser como antes.
todos lloramos porque hay demasiado que llorar:
cuerpos apilados
funerarias que incineran muchos cuerpos la hora,
el aire que huele a pánico y a muerte,
la cuarentena del silencio y el vacío la vida que nunca más será.
luego vendrá la crisis,
el hambre acechará en cada boca,
lloraremos cuando recordemos que cualquier tiempo pasada fue mejor.

ya nada quedará en el mundo,
solo el dolor que es de todos nosotros,
y al menos es un dolor solidario,
aunque no podamos todavía abrazarnos y llorar sobre ningún hombro.

me duelen los ojos de llorar, pero sin lágrimas.
es un llanto que es parecido a una procesión: se lleva por dentro.
uno nunca se acostumbra a los llantos.
empiezo a creer que tengo depresión,
pero uno debe ser fuerte y cuando mira la cifra de aumentos de muertos,
seguir y seguir y pensar en que mañana será mejor.

ya nada volverá a ser como antes.
tan solo queda esperar.
¿qué? ya no importa, solo esperar.

18 enero 2020

noruega

es verdad que la tristeza se puede dejar como una maleta olvidada en el lugar que uno deja atrás. llevo dos semanas ya viviendo en noruega y me siento bien, como si una brisa hubiera arrastrado toda la tristeza y el vacío que sentía antes de venirme aquí. el tiempo transcurre de otra manera, el mundo es de otra manera, mi vida transcurre de otra manera. miro el campanario de la iglesia que veo desde mi ventana y el cielo de oslo que pronto estará oscuro, porque estamos en invierno y este no es el invierno de madrid, aunque me siento bien. desde antes de ayer llueve y me gusta mirar la acumulación de las gotas en las baldosas de mi balcón. son como bolsas de mar abiertas en una ciudad tranquila.
me gusta ver los pájaros que se posan en las ramas del árbol que tengo frente a mi balcón y ver el reflejo del sol que amanece tarde, a las 9, que acaricia sus alas. me relaja y me hace sentir bien. la quietud se ha apoderado de cada parte de mí y aunque los problemas del día a día existen como para cualquier persona, es cierto que ahora todo lo vivo de otra manera. cuando salí del aeropuerto esa tarde oscura del 3 de enero, empezó a nevar y sentí una gran paz, era como recordar la nieve de mi infancia. no volvió a nevar en oslo, aunque seguramente pronto veré nieve. recuerdo que cuando salí del aeropuerto fue como si dejara atrás un saco enorme que cargaba a mi espalda y me hacía arrastrar un gran sufrimiento, como una losa pesada que me seguía desde hacía tiempo.
antes de irme la angustia estaba a punto de estrangularme del todo. sentía frustración como tantos jóvenes formados en la universidad con años de estudio, encadenando contratos y esperando llamadas de trabajo en casa de sus padres, sin ninguna perspectiva más allá de ese propio día. mi sueño más a corto plazo era independizarme antes de cumplir los 30 años y ahora, a 9 días de pasar de tener un 2 como dígito de mi edad a tener un 3, siento que por fin he podido cumplir ese sueño que más apremiaba cumplirse. extraño a mis gatos y hablo con mi familia a diario gracias a los avances tecnológicos. pero no extraño nada más. 
y es que es una etapa más. ya emigré una vez a los 12 años, desde rumanía a españa, siendo una niña todavía y por segunda vez he vuelto a emigrar, siendo ya una mujer, a los 29 años, esta vez desde españa a noruega. recuerdo que hace un año y medio estaba desesperada porque iba a emigrar a francia y finalmente no fui porque en el fondo las condiciones laborales no iban a mejorar. recuerdo las protestas contra macron, la quema de parís y otro sueño roto más cuando supe que mi profesión era peor valorada y pagada en francia, y entonces llegó una fractura más en mis planes de vida. después todo siguió igual, mi vida sin ninguna expectativa más que pasar un día más en el mismo lugar en el cual llevaba viviendo desde que llegué de rumanía.
en noviembre de 2018 me fui a portugal a estudiar y ahí es donde encontré mi hogar. siento hacia el algarve un sentimiento que solo puedo comparar con aquél que tengo cuando recuerdo mi infancia, el sabor a pan recién horneado, mis primeros libros, el biberón de leche que chupaba algún gatito con los ojos aún sin abrir que cuidábamos las niñas en nuestra particular guardería de animales. el algarve me enseñó a sentir que es verdad que la felicidad está en las pequeñas cosas, como contemplar el atardecer cayendo sobre las olas del océano, o una fila de hormigas recogiendo alimentos, haciéndome permanecer curvada durante media hora mirando cómo entran en el hormiguero mientras que otras salen al mismo tiempo. viví ahí durante 5 meses y me ayudó a cambiar, a tomar la decisión de irme de españa y dejar atrás esa congelación de mi vida mientras el tiempo seguía y yo engrosaba la fila de tantos jóvenes en paro con sueños rotos. 
todo me parece bien, y ni siquiera me parece extraño. españa fue mi hogar y siempre será una parte de mí, pero no es un sitio donde quisiera volver. fue otra etapa más, la que junto a mi infancia en rumanía, me hizo ser lo que soy. se abre otra etapa y aunque mi sueño es estar en mi hogar, que es el algarve, en portugal, el sitio que más amo, de momento esto es algo que me gusta. la semana que viene me mudaré de oslo a otra ciudad o pueblo y no me importa donde sea. todo sigue siendo estabilidad y quietud aquí, en noruega.
ha dejado de llover y ahora hay una neblina. me gusta el olor de fuera. huele a paz y a tranquilidad. he salido a la terraza y una gran gota se ha estrellado sobre mi frente. me siento bien.

28 diciembre 2019

No es tristeza, es nostalgia y pavor. Una nostalgia sin tristeza, aunque lágrimas sin contenido visible discurren como volcanes. Tengo miedo de volverme loca. A veces pienso que no podré seguir, pero tengo miedo de detenerme. De vez en cuando siento una mano deslizándose por mi cuello y apretando. Pierdo la consciencia, los miembros se quedan rígidos y las manos aprietan algo para evitar que se escape, que creo que es el vacío. Las manos sangran, pero siguen asiendo con fuerza la hiriente flecha metálica. Pero todo es temporal, aunque los ciclos son cada vez más cortos. Mi estado anímico es una oscilación perpetua, la bipolaridad descarnada y cada vez más viciada, a la cual, como en una sopa insípida, se le añaden nuevos ingredientes para alimentar el cerebro como alimañas del infierno. Es entonces cuando me convierto en una sombra escuálida que vaga por un camino sin rumbo alguno. Sobre ese camino, hoy he notado hojas secas que han crujido bajo mis pies y a cada pisada, escuchaba un llanto desgarrador.
Esta vez ha venido sin prolegómenos, ha sido de manera brusca. Como una madeja tejida a escondidas y arrojada sobre el tejado de óxido y sangre de mi mente, donde animales amorfos se alimentan de ese hilo perpetuo del mal mental. Tengo miedo. También nostalgia. Una nostalgia sin identificación del objeto perdido, porque no hay objeto como tal, sino una forma que se ha deshecho entre mis manos y que constituía aquéllo que consideraba estabilidad. No sé qué era. Era algo más abstracto, era el tiempo, era el espacio. Ahora tengo miedo. Tengo miedo al hoy, tengo miedo al mañana. Quizás sea el cambio. Quizás sea el miedo al miedo, no lo sé. 
Tal vez a quien le pase puede entender. ¿Resulta realmente un alivio? Puede que no. No cierro los ojos porque el insomnio clava pinzas de hierro a mis párpados que quedan sujetas a la lengua perversa de la noche. Por la noche, la ansiedad aumenta. El miedo crece como un abdomen henchido de larvas que, a medida que pasan las horas, se van convirtiendo en moscas que crecen y ponen más y más larvas hasta que llega el día y eres una fruta podrida, infesta de larvas, al no ser que una pastilla se pose sobre tu lengua y de golpe, cierras los ojos y el dulce sueño te envuelve como un pétalo.
Otras veces, era la tristeza y la vista posada ante el abismo de lo que tenía dentro de mí: el vacío. Ahora no siento tristeza. Es extraño. Es como un vaciado que noto, que siento: hay una maquinaria activa cuyos engranajes no me dejan comer, respirar, dormir y que al moverse sacuden los cimientos de mi cordura.
A veces pienso que la depresión sin objeto, aquélla determinada únicamente por los mecanismos bioquímicos del cerebro, es peor porque no puede ser palpada: es una masa irregular, difusa, esparcida como gelatina por los poros de la mente.
Esta vez, siento miedo. Las depresiones son parte de mí, y siempre lo serán. Pero ay, el miedo. Siento que tengo dentro de mí un cisne malherido que vaga sin esperanza alguna por el río Estigia; a orillas hay alguien que lo quiere rescatar: pero él prefiere el vagar perpetuo. Tal vez (...).

19 octubre 2019

absurdo creer que la vida no discurre mientras tecleas como un zombi en búsqueda de aumentar esa autoestima con ese like patético de niño poco mimado - cuando miro a mi alrededor, algo de mí se muere porque veo la muerte ajena y muero en ellos. buscar algo más abajo que impacte en tu retina, mil imágenes, mil formas que te deslumbran porque buscas una foto más, y por qué no, otro like más, y tu dedo se desliza hacia abajo y te chocas conmigo cuando cruzas tú también el paso de peatones y cuando te veo desde el semáforo en el otro lado a veces pienso que me gustaría que cayeras, que al chocarte conmigo pudieras salir de tu abismo, que al romperse la pantalla de tu móvil volvieras a mirar el cielo azul que arriba de tu cabeza brilla y a veces se pone de un gris intermitente por esas espumas blancas de nubes que ya has olvidado, pero no pasa nada, porque paso de largo, la comedia continúa, buscas un tutorial de maquillaje que te haga sentir más guapa mientras las horas pasan y ay, hay algo terrible, la no-vergüenza de la incultura, el alardeo de lo estúpido, amamos la falta de desinformación mientras nuestra lengua corrosiva chupa el dedo angular porque escuece después de seis horas deslizando hacia abajo la puta pantalla que sólo te enseña muestras de muerte, igual que tú muestras la tuya, detrás de esa jodida pantalla, la vida de mierda no le interesa a este planeta porque eres un grano de pus insignificante en este universo, pero no pasa nada, porque mientras voy en el tren la alienación continúa, y entonces la chica de al lado resulta que es tu novia, ella te ha besado al despedirse porque se ha bajado en una parada anterior pero te juro que en estas 4 paradas que habéis permanecido delante creía que erais unos desconocidos porque ambos estabais mirando vuestros respectivos móviles - ¿para qué el amor de la carne pudiendo amar a través de un cristal? a veces pienso que nadie se salva y siento una soledad punzante, como una niña pequeña perdida en una ciudad gigante y no entiendo y tal vez si fuera un trozo de mí así no sentiría esa enorme alienación con ese sabor tan amargo de algas marinas en estado de putrefacción; a veces sumerjo mi cabeza hasta lo más hondo de este océano de personas y me ahoga tanto que quisiera no haber nacido jamás. a veces pienso, un animal llora a lo lejos, encerrado en un sótano inmundo, pero ay, la vida es hacer retos para que alguien se ría dieciocho segundos, o llamar a deliveroo para que te traiga la comida mientras miras en tu móvil que tu mejor amiga del instituto tiene un hijo con síndrome de down y te alegras porque hay algo de inmundicia añadida a eso de sentirte algo distinto a lo que eres. por un momento un pobre se siente menos pobre cuando el repartidor de comida llega con una hamburguesa sin pepinillos y un refresco con gas mojado y cansado porque sino, no cobra: porque por un momento te crees menos miserable de lo que eres, cuando ves a alguien más miserable que tú. 
¿por qué, por qué, por qué?
 el mundo es un mar perdido cabizbajo, y tal vez yo debería ahogarme por completo.

06 octubre 2019

mis brazos son dos ríos abiertos
que desembocan en el mar,
donde las gaviotas se alimentan de la carroña 
que mis sueños y órganos son.

nunca imaginé que el cielo supiera tan ácido,
cuando caía parecía que estaba aún viva
pero en realidad mi cuerpo ya era un ataúd de carne estéril
y en la lejanía me esperaba el azul púrpura del mar.

el viento no soplaba en la caída,
las piernas livianas como pollitos de buitre hambrientos,
el estómago no tuvo náuseas
cuando caía en la espiral fluvial de ese azul tan azul
como tus ojos enfermos y lejanos.

mi cuerpo reposará como un nenúfar azufrado 
y nadie guiará los buques de mi sangre
y puede que atraquen al lado de caronte

y entonces también las piernas serán otros ríos abiertos
que se unirán con los otros ríos de mi cuerpo,
también aquéllos que salieron de mis ojos ya resecos
esos que miran en la lejanía buscando el infinito
esos que nunca podrán ver el azul de tus pupilas
porque me habrá consumido mi propia carroña.

me duele el alma, me pesa el cuerpo,
me gusta la caída porque es liviana.
me vuelve a escocer el cerebro
y vuelvo a sentir que una gran guerra se despliega
entre los cráteres inmundos de mi cerebro enfermo
y nuevamente sentiré el impacto de los misiles
que salen de lo más adentro de mi lóbulo frontal
y no habrá paz ni para los buenos ni para los malvados
porque no hay peor guerra que una guerra civil
y en ese fragor sé que no habrá tregua.

pero sigue cayendo el cuerpo,
floto en el mar
y mi ataúd es una ola de cianuro uniforme
yo creo que no hay mayor maldad que una guerra civil
y no hay mayor dolor que llorar todos tus muertos
y toca volver a llorarme los muertos
y tocará volver a recoger los cadáveres sangrantes 
dispersos por las cuevas de mi hipotálamo

soy un río que desemboca en el mar
la dispersión de mis órganos ya no me pesa
a veces pienso que he perdido el control
y un tsunami ahogará pronto este pecho desconsolado

(pero tal vez la culpa ha sido mía,
no debí interrumpir súbitamente el tratamiento).




01 septiembre 2019


ojalá fuera una serpiente
y mi cuerpo fuera un todo entero
para poder reptar por el suelo
sin ser consciente de que yerro el paso.

que el cuerpo sea una molécula,

que mis ojos se queden sin órbita,
que los dedos se coman a sí mismos
y los dientes se devoren con ansia.

ojalá mi cuerpo fuera un trapo

para cubrir el rostro de un muerto,
como un velo pálido
sin nada de sangre adentro.

ojalá mi cabeza fuera una nube

para poder arrojar relámpagos
y llenar con lágrimas de sal
bosques, campos y pantanos.

ojalá mis ojos no pesaran tanto

y tuviera en su lugar pequeños océanos,
para dejar que peces y algas
miren a través del abismo de mi mirada.

ojalá no fuera nada,

y pudiera volar como un pájaro
y mirar desde arriba serpiente, bosques y océanos
y flotar sobre la liviandad de mi marcha.

12 junio 2019

depresión.

la depresión es como un martillo. golpea sin cesar y de repente, la mano criminal para. crees que ha terminado, te pones una gasa para tapar la sangre que cae por tus mejillas y de repente, otra vez el martillo te golpea. no necesito que nadie me entienda, porque en realidad, nadie puede entender lo que es la depresión, al no ser que la padezca. e incluso quien la padezca, comprenderá solo su dolor, no el de los demás. a veces solo quieres que al llorar nadie te pregunte ''¿por qué lloras?'', porque será extraño decir ''porque me duele''. entonces vendrá la pregunta de ''¿qué te duele?'' y dirás, ''me duele la nada, me duele el vacío''. y la cara extrañada del otro te parecerá un paisaje que debería permanecer lejos de ti, al menos en ese momento. muchos tienen herramientas para combatir, yo creo que estoy agotada y bloqueada. suelo escribir un haiku al día y hago una foto de lo que más se puede acercar a cómo me siento: trozos de una zanahoria pelada, una mancha de café en el mueble perfectamente reluciente, un descampado con restos de rocas oxidadas. pero no es como otras veces, no. hace años tenía una vía de escape, que era mi escritura y mi música. ahora me quedo contemplando la nada durante horas y digo ''que las pastillas hagan su efecto''. el bastón son las pastillas, sí, pero me he cansado de caminar cada dos años con ese bastón. no puedo no tomar la medicación porque el vacío me consume. el dolor es un gusano que pudre desde dentro y come cada partícula de tu ser. eso es la depresión. el gusano, el martillo, la nada en tu interior y más allá de tu piel. ¿esperar? ahora hay anestesia, pero hasta la anestesia empieza a cansarme. tal vez ni así logre aplacar la tristeza (¿es tristeza? ¿por qué?). es la nada con forma y la tristeza sin forma, combinadas para crear una amorfa masa que se incrusta en cada poro de mi piel. los días son iguales y me calma ver el río pasar. me alivia pasear y escuchar pájaros. pero algo se detiene: es el reloj de la muerte. nuevamente, me golpea el martillo. ¿y qué culpa tengo yo? dejémonos de culpa: es lo que toca, bañarse en el agua hervida del dolor, que se quite la piel y poder vislumbrar los vasos sanguíneos llenos de restos de pastillas, de un naufragio que ya veía venir, pero no he podido evitar.

23 mayo 2019

la tristeza alivia porque tiene forma. puedes llorarla, gritarla, escupir su rostro; la depresión melancólica inocula cierta paz en la mente, y las rías rebosantes de tristeza del cerebro acaban desembocando en un delta con forma definida, bien localizada, y se puede palpar, maldecir, llorar: uno puede sumergirse en esa delta y dejarse llevar por el oleaje. la tristeza se llora hasta la extenuación; a veces el cuerpo está dolorido de tanto llanto, pero la mente está aliviada después. pero la depresión del vacío es la nada. te aplasta algo que no tienes, porque es el vacío: la paradoja del álgebra, ¿cómo la nada puede ocupar todo el espacio? ahora mismo, el vacío ha llenado cada partícula de mi ser. cierro los ojos y siento cómo me hundo en un abismo que no tiene ninguna forma, que es como un tubo amorfo que arranca cada órgano y me despoja de todo sentido. es un espacio sin nada, el infinito sideral. el vacío otra vez ha vuelto para quedarse. mi cuerpo está congelado y a veces tiene espasmos: las piernas se rebelan, los brazos se retuercen, la mandíbula desmenuza la desesperación. a veces lloro y me visualizo a mí misma cuando estuve viviendo en portugal hasta hace un mes y medio y quiero correr detrás de esa imagen y quedarme en ese entonces. quiero abrazar a mi yo de entonces y pedirle que me engulla, que me absorba por completo en ese momento, en ese espacio, en esa felicidad, en ese color del cielo, en el olor a océano. ahí estaba mi hogar, porque el hogar de cada uno es donde uno siente esa paz inexplicable. ahora estoy aquí, de nuevo en el mismo punto de partida, paralizada. el vacío...la nada, siempre la nada.

05 febrero 2019

hola.
una hormiga serpentea sobre mi lengua. el ácido de batería corroe los pecados y los hace livianos como una bolsa de plástico en un corriente de aire de ciudad. enciendes la pantalla y te matas y te enorgulleces en tu propia muerte: viajas por los canalículos para juntarte en el mismo canal de muerte y bilis donde otros arrojan monedas pensando en una individualidad rígida cual erección mortífera.
por esa muerta ridícula con ictericia corneal, porque nadie ve más allá del gesto mecánico que mata: tecleas y tecleas, deslizas dedo en busca de otra vanidad ya prevenida. tecleas y tecleas, estás en una fiesta, la lluvia te golpea y empiezas a sangrar, pero sigues tecleando: todos teclean una muerte cómica, un acto que sabe a metalurgia.
ahora bien, mi lengua está dormida el veneno se enrosca como un gato en mis capilares. los árboles se podan cada día más, y son las corrientes delirantes de piernas desencajadas y brazos que olvidaron el calor del seno maternal, las que me ahogan con sus tentáculos de pulpos ebrios. a veces las personas alienadas en redes sociales son como cáscaras de plátano olvidadas en la papelera que llenan el aire de un hedor que no logar dilucidar: una vez halladas, se toca un cascarón negro y ya necrosado; en este caso, me alegro de no pertenecer a esa marea con filigranas de poda sináptica.
adiós, la hormiga me ha hablado, en realidad, tengo una orquesta en mi lengua cantando. 
a veces me gustaría ser yo hormiga, vivir en un cerezo y dormir todo el día bajo el sol. tal vez tenga un alien dentro de mí que fabrique hormigas, o tal vez no.

08 septiembre 2018

a veces pienso: han pasado 10 años. ¿10 años desde qué? desde que tenía 18 años. esto no significa nada: sólo es la conciencia del tiempo, la cuerda de alambre que me roza la tráquea. a veces quisiera que un parpadeo durase diez años, pero al final ocurre al revés, y esos diez años pasan en un parpadeo. no, no es la tristeza, es la percepción de una pérdida. no me arrepiento de ser como soy y no ser quien era hace 10 años, pero sí echo de menos algo de ingenuidad. creo que en 10 años, el mundo externo se encarga de destruir cualquier ápice de inocencia y el interno, de pulir esa carne para darle la forma de una roca en el desierto. 
no puedo decir que sea una vieja, pero incluso esos rasgos físicos que ya no son, lógicamente, los de hace 10 años, me parecen un martilleo constante. la mirada en el espejo es un galope más del tiempo, en este caso, un bofetón en el rostro. todos pasamos por ese aro metálico, el problema es estancarse ahí y observar detenidamente cómo lacera. sí, la vida pasa para todos, pero eso no consuela. esos ancianos de hoy ayer fueron jóvenes y los jóvenes de hoy serán como esos ancianos. pero es cierto que al final la simplicidad del ''carpe diem'' encierra más que mil frases sobre la vida. vivir, vivir y aprovechar el momento.
siempre he detestado a esos gurús de auto-ayuda, a los paulos coelhos que van por la vida predicando el amor propio en un contexto de vida libre de las ataduras del mundo externo; siempre me ha parecido una estupidez creada por unos estúpidos para unos estúpidos que necesitan oír obviedades porque en su fuero interno algo de aplastante lógica sube la moral y activa el motor que les hace sentirse más inteligentes dentro de su pobre mundo interior. y a veces he pensado, ¿realmente esta gente es más feliz dentro de ese ridículo? creo que no, que es una mentira dentro del modo de vivir que tiene la mayor parte de las personas: la fachada ante los demás y peor aún, ante sí mismos. al final, horacio fue mucho más inteligente que todos esos oradores de hoy día con sus adornos ridículos modernistas que intentan llenar el vacío que deja precisamente aquéllo de lo que reniegan.
son frecuentes los días en los que pienso: han pasado 10 años. claro que no soy la misma persona, y probablemente en 10 años seré diferente a como soy ahora, pero me alegra seguir manteniendo algo de niña dentro de mí. lo siento así y lo ven los de mi alrededor. me alegra y creo que ese algo no morirá. siempre tendré una niña dentro de mí, siempre seré algo de niña. por lo demás, hace 10 años aspiraba a otras cosas totalmente diferentes a las que aspiro hoy. y creo que en 10 años no aspiraré a algo más diferente a lo que aspiro hoy: vivir tranquila con luca en el campo, trabajar cada uno de lo nuestro, ganar suficiente para tener un gran terreno donde alojar animales rescatados de granjas industriales u otras formas de maltrato, cultivar mis hortalizas y viajar. esa es la vida a la que aspiro, esa es mi felicidad. creo que hace diez años no quería nada de esto; puede que viajar sí, pero nada de lo demás. yo era un caos tremendo, lo quería todo y no quería nada. la inconstancia estaba instalada entre mis vértebras. ahora, a pesar del caos perpetuo e incapaz todavía de centrarme en el carpe diem y viviendo con esa idea obsesiva del paso del tiempo casi a diario, al menos tengo clara la idea de lo que me hace feliz: trabajar de lo que he estudiado, la tranquilidad de la vida en el campo, cuidar animales y viajar mucho. 
jamás tendré hijos y tengo la suerte de estar con alguien que tampoco los quiere tener. todavía escucho a algunas personas más mayores que yo y con hijos que me dicen ''ya cambiarás de idea y acabarás teniendo hijos''. nunca he querido tenerlos y conociéndome sé que nunca cambiaré de idea. y no critico a las mujeres que son madres, ya que cada uno hace lo que quiere con su cuerpo y su vida, pero sí detesto esa obsesión retrógrada que todavía impera en ciertos cerebros para los cuales una mujer no se realiza si no es madre. creo que mis dos mayores realizaciones en la vida serían ayudar a muchos, muchos animales y acabar uno de los tantos libros que empecé a escribir. no creo que sea menos por ello ni creo que vaya a tener una vida llena de penurias morales y remordimientos por no haber tenido hijos que a mi juicio conllevan una pérdida total de libertad y del yo más íntimo.
por lo demás, algo de tiempo ha pasado mientras he escrito esto. puede que en 10 años lea esto y sienta algo diferente a lo que siento hoy. o puede que no.

18 agosto 2018

a veces me regaño mientras la rabia se infla bajo mis venas como un velero mal dirigido. me digo, basta, no es nada bueno, no cambiaré el mundo. por ello, he ido dejando la costumbre de leer las noticias varias veces al día y es como limpiar una úlcera poco a poco, quitando la placa necrótica lentamente y viendo cómo va apareciendo epitelio nuevo. no estoy desinformada (y por mi idiosincrasia, nunca podré estar en la inopia), pero prefiero disminuir el caudal de la gota china que perfora el cráneo con el dolor mundano y que inevitablemente formará un agujero inmenso en medio de un torbellino en perpetuo movimiento. prefiero ver y oír menos, y cuando noto que lo vivo demasiado, que me empiezo a enfadar con la estupidez humana reiterada reflejada sobretodo en la política (mi predilección en las noticias y mi perdición), en ese momento, cuando el enfado supera el límite que ya conozco de sobra a partir del cual ni el fruto de las dos mayores obscenidades copulando se asemeja a lo que sale por mi boca, entonces es cuando paro. no puedo, hay algo que no puedo. no soy capaz de mantenerme ajena, no soy capaz de mantenerme fuera del todo, y hay determinados temas que sencillamente acuchillan mis pupilas y tímpanos y exploto de rabia.
y es verdad, cuando leo las noticias con más medida, la rabia no se va, pero sí hay algo más de calma, una isla de hielo flotando en un mar hirviendo. y de golpe, solo queda lo interno: contemplo lo de afuera pero desde la superficie, sin intentar ahondar, y es entonces cuando noto la diferencia.
hay además en mí una inclinación obsesiva por la historia más aborrecible del ser humano: crímenes de guerras ya olvidadas, desapariciones y asesinatos frutos de monstruos y un largo etcétera, que no sé a qué es debido. por ejemplo, a veces he llegado a estar horas leyendo sobre dictaduras de latinoamérica (algo que me fascina por el horrible y perverso modo en el que fue orquestada en gran parte de los países) y de repente, tengo que parar. me enfado, grito por dentro, lloro de rabia y frustración, y siento que es porque la historia se ha repetido de manera similar y no ha habido el castigo que debía haber habido.
vivo con una intensidad insana la política y la estupidez humana, que van siempre de la mano. cuando veo, por ejemplo, que en españa han estado gobernando durante ocho años unos ladrones con hedor a franquismo que incluso ahora volverían a ganar las elecciones, algo se eriza bajo los poros de mi piel: incredulidad, asco y enfado, y sobre todo necesidad de huir, de vivir en el campo, lo más lejos de todo y de todos.
y hay algo que tengo prohibido leer y ver en cualquier medio de comunicación, porque me llega a hacer un daño mental patológico que roza la necesidad de ansiolíticos: noticias sobre el maltrato animal. no quiero, no puedo ver nada, porque puedo decir honestamente y sin que esto signifique que el sufrimiento humano no me importe, que el dolor animal generado por el ser humano es para mí el mayor dolor que he sentido jamás, me atrevería a decir que incluso mayor que mi mal mental.
pero, en fin, escribo esto porque he leído antes unas noticias que me enfadaron, y pienso que...bueno, en realidad, se ha equilibrado algo dentro de mí. acababa de terminar de releer werther de goethe, y tras tanto dramatismo pasional, una dosis de rabia de actualidad ha acabado por compensar la sensación que el libro me había dejado. sensación que por cierto, fue diferente a la dejada la primera vez que lo leí, hace unos cuantos años; como todos los libros que al releer hacen ver a uno lo mucho que ha cambiado. de hecho, juraría que estoy notando más cambios en mí ahora que estoy releyendo libros, que lo que he notado en el espejo.
pero ese es otro tema: tampoco pretendo seguir más este hilo. está bien saber, pero a veces he llegado a envidiar a esas personas que se pasan el día con un movimiento mecánico de deslizar el móvil hacia abajo en busca de nuevas fotos subidas de instagram, o de facebook o no sé, viviendo en una burbuja de ignorancia y puro hedonismo y necesidad de lo inmediato, porque estoy segura de que al menos en el sentido de conocer el horror del mundo, duermen mucho más tranquilos que yo.

12 agosto 2018

es como mirar un reloj
y sentir que chupas un cenicero:
     tu madre nunca fumó mientras comías su placenta, supongo,
pero algo morirá cuando te alumbre
como una calada mal expulsada
en uno de esos bares que te dices que nunca volverás.

pero

- nunca conté mientras doy ese beso
 que me enrosca su lengua a mi garganta cual serpiente sucia:
 cuando nací,
la matrona dijo: muerta,
y ahí estaba coleteando
 como un pez que respiró como si solo hubiera arena alrededor,
 y entonces mi padre lloró, mi madre petrificó,
APGAR 1 según recuerdo: ya estaba luchando
contra la tormenta de flechas
que se dispararían a posteriori en mi útero
como si fuese yo esa madre que esperara ese duro paritorio,
como si mi propio yo
fuese un embrión de mí misma: la nada.

alguna vez te has preguntado:

¿qué serías si te parieras a ti mismo?
- y no como serías si fueras un ser que se reproduce por bipartición asexual
                 sino:
como tu madre te parió:
como si fueras tú tu propia madre:
¿serías capaz de poner primero el pecho,
o alejarías ese hedor a placenta que todavía quiere ser feto:
la carne elíptica a cual tocar en cada mañana?
¿o tal vez serías aquella garganta que grite?
basta ya,
quiero este
ser
                   en una tripa que nunca se haya preguntado,
por qué estoy aquí oliendo acetona
   para no ser.

es como mirar un reloj
y sentir que chupas un cenicero:
¿por qué no serás tu propia madre
para poder maldecir en voz alta, a cada instante,
el momento en cual algo te hizo ser, como si nada?

     pero miras las horas, como imbécil:

olvidas lo escrito,
lloras lo ya llorado,
te ríes como imbécil
como si nada hubiera pasado.  

morfeo ronca en mi cama,

yo veo y respiro la nada,
en realidad, es como si no hubiera pasado nada:
lees por vez tercera la extraña muerte de ivan ilich
(nada ya extraña)
y te preguntas,
si acaso esto que escribes sirve para algo,
 (cuando te das cuenta que llevas un rato,
y tienes hipo y aguantas esa respiración y para nada).

sigues, y una célula más muere

 de tu trozo de cuerpo que siempre se cree eterno,

aunque lo que más me preocupa sea, francamente, la cara:
si te miras fijamente y aprecias que han pasado diez años,
comprendes que algo se fue: nada extraño.

el reloj sigue pasando,

y
bla bla bla: ya sabes lo que hay,
yo voy a cambiar la arena de mis gatos.



29 julio 2018

el sueño que tuve el sábado de mañana me ha hecho volver a escribir en este blog. 
para ser honesta, siempre he tenido un dolor acompañado de frustración porque siento que hay algo perdido y que tiene que ver con la escritura, algo que se asemejaría al reflejo de una momia que ve algo de resplandor en un espejo de su yo pasado. a veces he escrito sobre papel, he empezado unas cuantas novelas, escribo poesía o algo parecido, pero sigo con una barrera perpetua dentro de mí. esto no viene a cuento del sueño sobre el que iba a escribir, pero sí que es cierto una cosa: pasado el tiempo (llevo diez años con este blog abierto), aparte de que mi capacidad para escribir ha disminuido limitándose principalmente a las fases depresivas o situaciones similares, me he dado cuenta de que en el caso de la poesía, sólo soy capaz de escribirla en mi idioma materno, que es el rumano. no entiendo por qué, y tampoco entiendo esa relación, ya que he escrito durante años en español. pero en momentos de arrebatos de dolor, sucede una escritura automática en la cual se mezclan el castellano y mi idioma materno. digamos que en esos momentos las palabras anteceden al pensamiento, y no al revés. aunque según un estudio, en realidad muchas veces pensamos antes de lo que creemos: el inconsciente está procesando antes que nuestro consciente.
no me importa tampoco haberme alejado del tema que era el sueño que tuve, porque estoy escribiendo. durante mis bloqueos que han llegado a durar meses e incluso años, siempre he tenido una sensación de amputación, porque era consciente de que me faltaba esto, escribir. tiendo a infravalorar lo que escribo, aunque si soy sincera a veces he leído cosas mías del pasado, de hace 7-8 años (es increíble la velocidad del tiempo) y he sonreído pensando en que me estaba gustando aquéllo que leía. creo que en esas épocas estaba totalmente desinhibida, y el mecanismo inconsciente predominaba sobre el consciente que es aquél que me ha ido gobernando en los últimos años y que únicamente suelta su yugo en mis fases depresivas o ciertos momentos de extrema euforia y desinhibición.
el mero hecho de estar escribiendo sin pausas, sin pensar mucho en la palabra que seguirá, me hace sentir bien. me recuerda a mí misma hace unos años, porque no, ya no soy la misma. también es cierto que he seguido escribiendo, pero nunca en internet. y lo que he escrito ha sido olvidado por mí, teniendo acumulados cuadernos enteros llenos de líneas mezclados entre los libros en la biblioteca, como algo ya pasado, y peor aún, inexistente. digamos que mis escritos se volvieron una parte púdica de mi ser, inaccesible a los demás. 
aunque un día, hace un par de meses, en una crisis en el inicio de la enésima depresión, lloré de impotencia por ser incapaz de escribir en ese momento; semanas antes en un periodo de hiperproductividad había escrito tres guiones de novela y hasta dos guiones de película (estos dos últimos caminando por el campo gracias a luca, que me quería hacer ver que por mucho que diga que no tengo creatividad ya, la tengo ahí, pero siempre le tapo la boca con la mano de la inseguridad en mí misma). hace un par de meses, pues, en ese momento de horror a mí misma y ante la incapacidad de mi mente de crear así como la impotencia de mis manos de no poder escribir ni tan siquiera sin la complicidad de la mente - de manera automática, me fijé en una de las estanterías de la biblioteca, donde vi guardados cuatro cuadernos de escritos. y por un momento rompí ese cascarón de pudor y empecé a leer a luca cosas que había escrito y que desconocía y que es más, parecían ser de otra persona ya que transmitían mucho, tanto que me pregunté, ¿en qué momento escribí esto que no soy capaz siquiera de recordar? sí: habría sido en medio del dolor de una depresión, o en medio de un estado de ebriedad, o en medio de un estado de, quizás, hipomanía. y quizás por eso no recordaba haber escrito eso, o, sencillamente, debido a que en los últimos años siempre he considerado que toda creación mía es mediocridad y tras encontrarme con esos escritos de hace, como mucho, 3 años, me hizo reencontrarme con esa parte de ese yo amputado que tanta tristeza me genera.
me resulta extraño poder escribir sin pausas. eso significa que hay algo que ha vuelto. puede que sea por la depresión, que esta sea como la de 2015 que coincidió con mi mayor época de creatividad: escritos día tras día, decenas de canciones compuestas y grabadas por mí, la válvula del dolor abierta a la creatividad. no creo que sea igual que esa, ya que ahí el escribir era una compulsión extrema. a veces me levantaba en medio de la noche y escribía. me pasaba horas componiendo música con la guitarra y grabándome a mí misma con el teléfono móvil con la grabadora de sonidos y aunque esa calidad de audios no es precisamente buena, también me ha sorprendido a posteriori haberme escuchado, porque me pregunté, ¿realmente si he sido capaz de crear esto no podré volver a ser capaz nunca más?
considero que todo son fases, como todo en mi vida y que supongo que tiene que ver con mis enfermedades. pero más allá de eso, me siento bien, porque llevo un rato escribiendo sin juzgarme, sin pararme a pensar si hay algo que está bien. lo hago para mí. suenan de fondo los nocturnos de john field acompasados con la lavadora que he puesto y que se terminará pronto. antes vi el tambor girando y tuve ganas de centrifugar mi mente, por si se podía depurar alguno de esos pensamientos tristes e intrusivos que clavan sus dientes como pequeños vampiros de barro. pero he seguido escribiendo, que es una manera más de limpiar el cerebro, de vaciar el estanque y cambiar el agua de los peces que habitan en él, llenarlo de nenúfares y dejarlo estar, ya limpio, bajo el sol del verano.
ah, el sueño. sí: el sueño ha sido realmente raro. pero estoy dándome cuenta de que eso es secundario. hacía mucho que no entraba al blogger, y cuando vi un apartado de ''estadísticas'', entré por curiosidad. y con una grata sorpresa - no lo negaré, observé que todavía hay entradas mías que tienen muchas visitas, entradas escritas hace años, pero que tienen cientos de visitas. más allá de lo que podría ser un orgullo, hay un pensamiento que me hace pensar: no sé si esas estadísticas funcionan bien o no, pero si funcionan bien es que hay personas que me leen y que puede que aborrezcan o amen lo que escriba. o simplemente, les de igual. pero lo hacen. o si esas estadísticas están mal, me alegra saber que tampoco me condiciona escribir. es decir, si no ha sido vista por cientos de usuarios diferentes esas entradas realmente, no me importa en absoluto: estoy escribiendo y eso me hace realmente feliz.
¿el sueño? ah, sí, el sueño. voy a contar el sueño.
debajo de mi piso nunca ha vivido nadie desde que nos hemos mudado a españa, y en concreto, en este edificio (hace 16 años). yo vivo en la segunda planta y debajo de mi piso no vive nadie. pero ahora están haciendo reformas porque alguien ha comprado o alquilado, no sé. esto no forma parte del sueño, es la realidad. el sábado los obreros a las 8 de la mañana empezaron a hacer ruido. quise bajar, enfadada como es obvio, ya que después de una semana levantándome a las 5:30 para ir a trabajar, quería descansar el fin de semana. el viernes había salido con luca a tomar algo para despejarnos los dos después de una semana de trabajo. el caso es que me levantaron los obreros con el ruido y enfadada quise bajar, pero finalmente decidí intentar volver a dormir. yo no puedo dormir sin tapones de oído, y muchas veces luca, cuando no puedo dormir (que es bastante frecuente), me acaricia la cabeza y la frente, lo cual me relaja y me ayuda a dormir. intenté dormir de nuevo mientras luca me acariciaba la cabeza y lo conseguí. él estaba a mi lado tumbado trabajando con el portátil, ya despierto. me dormí, pero tras una hora y media me desperté sobresaltada de la pesadilla que había tenido y que posteriormente me dijo luca que era digna de un capítulo de ''el piloto ciego'', de giovanni papini. entonces pensé, ojalá no me hubiera dormido. pero me dormí, y el sueño fue el siguiente:
me despertaba y veía a luca mi lado con el ordenador. entonces, él me enseñaba un vídeo que había montado tras unas grabaciones que me había hecho mientras movía mi cabeza y mis brazos en el camisón de noche con el cual me acosté esa misma noche, algo parecido al vídeo de ''obedece a la morsa'': me movía de manera casi convulsa en la cama, con movimientos fijos. entonces él comparaba ese vídeo con unos vídeos de un ex-amigo suyo mediocre que se cree artista sin serlo y que trata con desprecio a los demás. yo entonces le dije: ''luca, ¿estoy soñando? es que cuando me he dormido después del ruido de los obreros tú estabas a mi lado con el ordenador, pero esto me parece un sueño''. él se limitó a decir que estoy despierta, pero yo dudando de sus palabras, me fui al salón, donde me encontré a mi padre y a mi madre con la misma ropa con la que los vi por la mañana cuando había salido de la habitación para quejarme del ruido de los obreros. entonces les dije desesperada ''mamá, papá, creo que estoy soñando, pero luca me ha dicho que estoy ya despierta''. entonces, mi madre me dijo: ''no estás soñando hija, tranquila, has tenido una pesadilla y ya está''. mi padre, como vio que seguía agitada, me dijo ''para ya, no exageres, tuviste un sueño en el cual creías estar soñando y ya está. estás despierta''. y justo en ese momento, mis dos gatos se habían puesto a pelear (como ocurre a veces en la realidad) y mi padre dijo: ''a ver estos gatos que se pelean otra vez, ¿qué ha pasado esta vez?''. entonces, ante la reacción de mis padres, me volví de nuevo a mi habitación donde luca seguía con su ordenador. y yo le dije''luca, es que creo que estoy soñando'', él me dijo, ''no, no estás soñando, silvia, tuviste un sueño, pero ya estás despierta, ya has visto que tus padres también te lo han dicho'' y en ese momento miré mi reflejo en la ventana y vi que no estaba ahí: yo no existía, en el sueño no estaba soñando para los demás, pero yo sabía que sí, hasta que vi que mi reflejo no estaba ahí, no había nada: yo no existía en mi sueño, por lo tanto sí, estaba soñando.
entonces desperté, sobresaltada. vi a luca en la misma posición que cuando me había dormido una hora y media antes y le dije: ''luca, he tenido una pesadilla, ¿estoy despierta de verdad?'', y él me dijo que sí. cuando le conté la pesadilla y es cuando me dijo lo de giovanni papini. luego se lo conté a mis padres, que estaban en el salón, con la misma ropa de antes de dormirme y con la misma ropa del sueño, y mi padre dijo que alguna vez ha soñado algo parecido y que es una sensación horrible.
no creo estar viviendo un sueño, pero a veces pienso en los extraños que son los sueños, porque pese a todo, nadie sabe a ciencia cierta lo que son. y que la vida a veces es un sopor, una imposición a cerrar los párpados a pesar de saber que seguirás sabiendo lo que hay allá. y ahora, aún siendo consciente de que estoy despierta (¿o no?) se me vienen a la mente las palabras de segismundo, en ''la vida es sueño'', de calderón:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

10 octubre 2017

siempre soñé con no mirar atrás
seguir tras la cortina de mis sueños.
siempre soñé con caminar sobre inviernos
entre pétalos anacarados de dulce escarcha.
pero siempre hay un disparo en mi nuca,
siempre hay una mano agarrándome del cuello,
ese crepúsculo que siempre acecha levantando la ceniza de mi alma.
siempre hay un llanto inoportuno en plena noche,
siempre un despertar de horror y hambre.
             la neurobiología es un asunto intrincado,
realmente hay un problema funcional ahí, en mi cerebro.
es cierto que si me hicieran una RMf, SPECT, MEG blabla
algo encontrarían, hoja marchita, jardín explosivo...
blaaaaabllaaaaa
MAÑANA SERÁ IGUALMENTE MARTES.
BUENO, EN REALIDAD YA ES MARTES PORQUE HAN PASADO MÁS DE LAS DOCE DE LA NOCHE.
LAMES RELOJES ESPERANDO SEDUCIR UN REFLEJO OSCURO.

la vida se agota poco a poco

como un gotero a punto de acabar
justo en el momento que una clama la última gota
sedienta bajo el árbol de la eterna espera
y el cráneo necesita un proyectil brutal
 de destrucción masiva.
quisiera poder llorar
sin las espuelas del tiempo en mis mejillas.
quisiera poder gritar sin voz y sin garganta
quisiera poder decir que la tierra es la sed eterna de soñadores,
quisiera poder gritar que nada ya importa.
PERO NO PUEDO.

la noche se asoma con sus dientes de hierro.

quisiera notar la sangre brotar 
tras ser mordida por ella en un muslo,
que nazca un rojo manantial de mis carnes
y pueda decir que la lágrima de mi sueño
podrá soñar con no mirar atrás
más allá de la cortina del sueño
porque 
nada importa si algún día todos morimos.
si la vida no es más que un absurdo que nos hace soñar
mientras la muerte y el dolor nos escupen fuera del mundo,
o más bien nos adentran más en el,
pues no es más el mundo que una flema dolorosa,
un sucio disparo en un pulmón desecho,
reflejo nauseabundo de la vida mundana,
reflejo de aquéllo que nos ha tocado ser.

13 julio 2017

los años venideros huelen a naftalina: es como vivir algo pasado.
el color es algo pasado también, es un azul pisado en barro.
te conformas con ver el verano como los veranos pasados y los venideros
pero yo no obstante veo una puerta para huir de tus veranos perpetuos.
   la verdad que das un trago y sientes que tampoco puedes ver ningún color en el cielo
y eso no es porque estés ciega: hay una especie de mujer con lengua gris lamiendo ojos ajenos
y al final sabes que tampoco puedes ponerte a romper papeles a altas horas de la madrugada
     porque hay algo en ti que piensa en el mañana
en ese olor a apuntes nuevos,
en ese pan recién horneado,
en esas vendas recién apretadas a los tobillos para correr más y más.
te hace bien, bien, bien, bien:
pero vas a ser totalmente franca:
actualmente solo hay naftalina y todo es como lamer una vía férrea oxidada del siglo xix.

10 julio 2017

el naranja es eléctrico.
          el aire es el mero soplido de un muerto.
el trago de la fuente es de la fuente de tus sueños muertos,
pero el único trago en todo este desierto.
          la voz del silencio es un grito ahogado por una mano amiga.
con tus propios dedos te abres en canal y aparece lo que buscabas desde niño y no sabías qué es.
das otro trago y aparece la felicidad que no pudiste paladear ni en sueños.
música electrónica que fue al azar puesta por ti acompaña el trago
        y lo que realmente molesta es que haya alguien pensando en mi, preocupándose por mí.
lo que realmente molesta es que haya alguien que no deja que uno se consuma,
que haya alguien condenado a la gran ciudad rodeado de hombres de hierro que se derriten como cera,
lo que realmente molesta es que uno no sepa dónde ir si no es más allá de la propia destrucción
                                              y que haya alguien diciendo: todo irá bien.
que no me importa todo ese todo irá bien,
porque no hay nada que tenga que ir bien: se trata de que la hoja cae en otoño,
la nieve se derrite al comienzo de la primavera,
el pájaro busca su nido y recoge las ramas cuando hace buen tiempo para tenerlas cuando llegue el tiempo gélido
y lo que importa es que en la sangre ya no hay ni música
y lo que importa es que ya nada importa
y lo que importa es que hay cinco luces encendidas aún en mi bloque
y lo que importa aún es que esas cinco luces en realidad son ecos de una muerte ya pronunciada
y lo que realmente importa es que nada importe de todo esto.

el naranja es eléctrico.

es una luz tenue como una sangre opaca que quiere mezclarse con el río,
es como una boca pintada de insultos hacia uno mismo,
y ya no hay música eléctrica sino la botella
                    y la botella esconde el secreto que viene del mar
que sólo en mi garganta se podrá descifrar.

no-nada hay en la noche más que la rutina del sueño

que sabe que mañana será despertar.
                   yo, no sé, supongo que alguien dirá que importa todo lo que siento,
pero yo me siento bien viendo la luz naranja de máquina sangrante,
y no sé, supongo que a alguien le importa que quien sangre soy yo,
pero yo no quiero ni me importa importar a nadie
porque lo que realmente importa es que la botella está ya casi vacía
porque lo que realmente importa es que de golpe estoy viva
porque supongo que nada más importa.

aquí en este barrio uno sólo puede esperara la muerte lenta y metálica.

aquí en esta vida uno sólo puede dar otro trago de vino que es dar un trago a la vida
                     y sentir que sólo así uno no se ahoga en el desierto de lo imposible
y sentir que sólo así uno se salva en su propia destrucción.