01 septiembre 2019


ojalá fuera una serpiente
y mi cuerpo fuera un todo entero
para poder reptar por el suelo
sin ser consciente de que yerro el paso.

que el cuerpo sea una molécula,

que mis ojos se queden sin órbita,
que los dedos se coman a sí mismos
y los dientes se devoren con ansia.

ojalá mi cuerpo fuera un trapo

para cubrir el rostro de un muerto,
como un velo pálido
sin nada de sangre adentro.

ojalá mi cabeza fuera una nube

para poder arrojar relámpagos
y llenar con lágrimas de sal
bosques, campos y pantanos.

ojalá mis ojos no pesaran tanto

y tuviera en su lugar pequeños océanos,
para dejar que peces y algas
miren a través del abismo de mi mirada.

ojalá no fuera nada,

y pudiera volar como un pájaro
y mirar desde arriba serpiente, bosques y océanos
y flotar sobre la liviandad de mi marcha.

12 junio 2019

depresión.

la depresión es como un martillo. golpea sin cesar y de repente, la mano criminal para. crees que ha terminado, te pones una gasa para tapar la sangre que cae por tus mejillas y de repente, otra vez el martillo te golpea. no necesito que nadie me entienda, porque en realidad, nadie puede entender lo que es la depresión, al no ser que la padezca. e incluso quien la padezca, comprenderá solo su dolor, no el de los demás. a veces solo quieres que al llorar nadie te pregunte ''¿por qué lloras?'', porque será extraño decir ''porque me duele''. entonces vendrá la pregunta de ''¿qué te duele?'' y dirás, ''me duele la nada, me duele el vacío''. y la cara extrañada del otro te parecerá un paisaje que debería permanecer lejos de ti, al menos en ese momento. muchos tienen herramientas para combatir, yo creo que estoy agotada y bloqueada. suelo escribir un haiku al día y hago una foto de lo que más se puede acercar a cómo me siento: trozos de una zanahoria pelada, una mancha de café en el mueble perfectamente reluciente, un descampado con restos de rocas oxidadas. pero no es como otras veces, no. hace años tenía una vía de escape, que era mi escritura y mi música. ahora me quedo contemplando la nada durante horas y digo ''que las pastillas hagan su efecto''. el bastón son las pastillas, sí, pero me he cansado de caminar cada dos años con ese bastón. no puedo no tomar la medicación porque el vacío me consume. el dolor es un gusano que pudre desde dentro y come cada partícula de tu ser. eso es la depresión. el gusano, el martillo, la nada en tu interior y más allá de tu piel. ¿esperar? ahora hay anestesia, pero hasta la anestesia empieza a cansarme. tal vez ni así logre aplacar la tristeza (¿es tristeza? ¿por qué?). es la nada con forma y la tristeza sin forma, combinadas para crear una amorfa masa que se incrusta en cada poro de mi piel. los días son iguales y me calma ver el río pasar. me alivia pasear y escuchar pájaros. pero algo se detiene: es el reloj de la muerte. nuevamente, me golpea el martillo. ¿y qué culpa tengo yo? dejémonos de culpa: es lo que toca, bañarse en el agua hervida del dolor, que se quite la piel y poder vislumbrar los vasos sanguíneos llenos de restos de pastillas, de un naufragio que ya veía venir, pero no he podido evitar.

23 mayo 2019

la tristeza alivia porque tiene forma. puedes llorarla, gritarla, escupir su rostro; la depresión melancólica inocula cierta paz en la mente, y las rías rebosantes de tristeza del cerebro acaban desembocando en un delta con forma definida, bien localizada, y se puede palpar, maldecir, llorar: uno puede sumergirse en esa delta y dejarse llevar por el oleaje. la tristeza se llora hasta la extenuación; a veces el cuerpo está dolorido de tanto llanto, pero la mente está aliviada después. pero la depresión del vacío es la nada. te aplasta algo que no tienes, porque es el vacío: la paradoja del álgebra, ¿cómo la nada puede ocupar todo el espacio? ahora mismo, el vacío ha llenado cada partícula de mi ser. cierro los ojos y siento cómo me hundo en un abismo que no tiene ninguna forma, que es como un tubo amorfo que arranca cada órgano y me despoja de todo sentido. es un espacio sin nada, el infinito sideral. el vacío otra vez ha vuelto para quedarse. mi cuerpo está congelado y a veces tiene espasmos: las piernas se rebelan, los brazos se retuercen, la mandíbula desmenuza la desesperación. a veces lloro y me visualizo a mí misma cuando estuve viviendo en portugal hasta hace un mes y medio y quiero correr detrás de esa imagen y quedarme en ese entonces. quiero abrazar a mi yo de entonces y pedirle que me engulla, que me absorba por completo en ese momento, en ese espacio, en esa felicidad, en ese color del cielo, en el olor a océano. ahí estaba mi hogar, porque el hogar de cada uno es donde uno siente esa paz inexplicable. ahora estoy aquí, de nuevo en el mismo punto de partida, paralizada. el vacío...la nada, siempre la nada.

05 febrero 2019

hola.
una hormiga serpentea sobre mi lengua. el ácido de batería corroe los pecados y los hace livianos como una bolsa de plástico en un corriente de aire de ciudad. enciendes la pantalla y te matas y te enorgulleces en tu propia muerte: viajas por los canalículos para juntarte en el mismo canal de muerte y bilis donde otros arrojan monedas pensando en una individualidad rígida cual erección mortífera.
por esa muerta ridícula con ictericia corneal, porque nadie ve más allá del gesto mecánico que mata: tecleas y tecleas, deslizas dedo en busca de otra vanidad ya prevenida. tecleas y tecleas, estás en una fiesta, la lluvia te golpea y empiezas a sangrar, pero sigues tecleando: todos teclean una muerte cómica, un acto que sabe a metalurgia.
ahora bien, mi lengua está dormida el veneno se enrosca como un gato en mis capilares. los árboles se podan cada día más, y son las corrientes delirantes de piernas desencajadas y brazos que olvidaron el calor del seno maternal, las que me ahogan con sus tentáculos de pulpos ebrios. a veces las personas alienadas en redes sociales son como cáscaras de plátano olvidadas en la papelera que llenan el aire de un hedor que no logar dilucidar: una vez halladas, se toca un cascarón negro y ya necrosado; en este caso, me alegro de no pertenecer a esa marea con filigranas de poda sináptica.
adiós, la hormiga me ha hablado, en realidad, tengo una orquesta en mi lengua cantando. 
a veces me gustaría ser yo hormiga, vivir en un cerezo y dormir todo el día bajo el sol. tal vez tenga un alien dentro de mí que fabrique hormigas, o tal vez no.

08 septiembre 2018

a veces pienso: han pasado 10 años. ¿10 años desde qué? desde que tenía 18 años. esto no significa nada: sólo es la conciencia del tiempo, la cuerda de alambre que me roza la tráquea. a veces quisiera que un parpadeo durase diez años, pero al final ocurre al revés, y esos diez años pasan en un parpadeo. no, no es la tristeza, es la percepción de una pérdida. no me arrepiento de ser como soy y no ser quien era hace 10 años, pero sí echo de menos algo de ingenuidad. creo que en 10 años, el mundo externo se encarga de destruir cualquier ápice de inocencia y el interno, de pulir esa carne para darle la forma de una roca en el desierto. 
no puedo decir que sea una vieja, pero incluso esos rasgos físicos que ya no son, lógicamente, los de hace 10 años, me parecen un martilleo constante. la mirada en el espejo es un galope más del tiempo, en este caso, un bofetón en el rostro. todos pasamos por ese aro metálico, el problema es estancarse ahí y observar detenidamente cómo lacera. sí, la vida pasa para todos, pero eso no consuela. esos ancianos de hoy ayer fueron jóvenes y los jóvenes de hoy serán como esos ancianos. pero es cierto que al final la simplicidad del ''carpe diem'' encierra más que mil frases sobre la vida. vivir, vivir y aprovechar el momento.
siempre he detestado a esos gurús de auto-ayuda, a los paulos coelhos que van por la vida predicando el amor propio en un contexto de vida libre de las ataduras del mundo externo; siempre me ha parecido una estupidez creada por unos estúpidos para unos estúpidos que necesitan oír obviedades porque en su fuero interno algo de aplastante lógica sube la moral y activa el motor que les hace sentirse más inteligentes dentro de su pobre mundo interior. y a veces he pensado, ¿realmente esta gente es más feliz dentro de ese ridículo? creo que no, que es una mentira dentro del modo de vivir que tiene la mayor parte de las personas: la fachada ante los demás y peor aún, ante sí mismos. al final, horacio fue mucho más inteligente que todos esos oradores de hoy día con sus adornos ridículos modernistas que intentan llenar el vacío que deja precisamente aquéllo de lo que reniegan.
son frecuentes los días en los que pienso: han pasado 10 años. claro que no soy la misma persona, y probablemente en 10 años seré diferente a como soy ahora, pero me alegra seguir manteniendo algo de niña dentro de mí. lo siento así y lo ven los de mi alrededor. me alegra y creo que ese algo no morirá. siempre tendré una niña dentro de mí, siempre seré algo de niña. por lo demás, hace 10 años aspiraba a otras cosas totalmente diferentes a las que aspiro hoy. y creo que en 10 años no aspiraré a algo más diferente a lo que aspiro hoy: vivir tranquila con luca en el campo, trabajar cada uno de lo nuestro, ganar suficiente para tener un gran terreno donde alojar animales rescatados de granjas industriales u otras formas de maltrato, cultivar mis hortalizas y viajar. esa es la vida a la que aspiro, esa es mi felicidad. creo que hace diez años no quería nada de esto; puede que viajar sí, pero nada de lo demás. yo era un caos tremendo, lo quería todo y no quería nada. la inconstancia estaba instalada entre mis vértebras. ahora, a pesar del caos perpetuo e incapaz todavía de centrarme en el carpe diem y viviendo con esa idea obsesiva del paso del tiempo casi a diario, al menos tengo clara la idea de lo que me hace feliz: trabajar de lo que he estudiado, la tranquilidad de la vida en el campo, cuidar animales y viajar mucho. 
jamás tendré hijos y tengo la suerte de estar con alguien que tampoco los quiere tener. todavía escucho a algunas personas más mayores que yo y con hijos que me dicen ''ya cambiarás de idea y acabarás teniendo hijos''. nunca he querido tenerlos y conociéndome sé que nunca cambiaré de idea. y no critico a las mujeres que son madres, ya que cada uno hace lo que quiere con su cuerpo y su vida, pero sí detesto esa obsesión retrógrada que todavía impera en ciertos cerebros para los cuales una mujer no se realiza si no es madre. creo que mis dos mayores realizaciones en la vida serían ayudar a muchos, muchos animales y acabar uno de los tantos libros que empecé a escribir. no creo que sea menos por ello ni creo que vaya a tener una vida llena de penurias morales y remordimientos por no haber tenido hijos que a mi juicio conllevan una pérdida total de libertad y del yo más íntimo.
por lo demás, algo de tiempo ha pasado mientras he escrito esto. puede que en 10 años lea esto y sienta algo diferente a lo que siento hoy. o puede que no.

18 agosto 2018

a veces me regaño mientras la rabia se infla bajo mis venas como un velero mal dirigido. me digo, basta, no es nada bueno, no cambiaré el mundo. por ello, he ido dejando la costumbre de leer las noticias varias veces al día y es como limpiar una úlcera poco a poco, quitando la placa necrótica lentamente y viendo cómo va apareciendo epitelio nuevo. no estoy desinformada (y por mi idiosincrasia, nunca podré estar en la inopia), pero prefiero disminuir el caudal de la gota china que perfora el cráneo con el dolor mundano y que inevitablemente formará un agujero inmenso en medio de un torbellino en perpetuo movimiento. prefiero ver y oír menos, y cuando noto que lo vivo demasiado, que me empiezo a enfadar con la estupidez humana reiterada reflejada sobretodo en la política (mi predilección en las noticias y mi perdición), en ese momento, cuando el enfado supera el límite que ya conozco de sobra a partir del cual ni el fruto de las dos mayores obscenidades copulando se asemeja a lo que sale por mi boca, entonces es cuando paro. no puedo, hay algo que no puedo. no soy capaz de mantenerme ajena, no soy capaz de mantenerme fuera del todo, y hay determinados temas que sencillamente acuchillan mis pupilas y tímpanos y exploto de rabia.
y es verdad, cuando leo las noticias con más medida, la rabia no se va, pero sí hay algo más de calma, una isla de hielo flotando en un mar hirviendo. y de golpe, solo queda lo interno: contemplo lo de afuera pero desde la superficie, sin intentar ahondar, y es entonces cuando noto la diferencia.
hay además en mí una inclinación obsesiva por la historia más aborrecible del ser humano: crímenes de guerras ya olvidadas, desapariciones y asesinatos frutos de monstruos y un largo etcétera, que no sé a qué es debido. por ejemplo, a veces he llegado a estar horas leyendo sobre dictaduras de latinoamérica (algo que me fascina por el horrible y perverso modo en el que fue orquestada en gran parte de los países) y de repente, tengo que parar. me enfado, grito por dentro, lloro de rabia y frustración, y siento que es porque la historia se ha repetido de manera similar y no ha habido el castigo que debía haber habido.
vivo con una intensidad insana la política y la estupidez humana, que van siempre de la mano. cuando veo, por ejemplo, que en españa han estado gobernando durante ocho años unos ladrones con hedor a franquismo que incluso ahora volverían a ganar las elecciones, algo se eriza bajo los poros de mi piel: incredulidad, asco y enfado, y sobre todo necesidad de huir, de vivir en el campo, lo más lejos de todo y de todos.
y hay algo que tengo prohibido leer y ver en cualquier medio de comunicación, porque me llega a hacer un daño mental patológico que roza la necesidad de ansiolíticos: noticias sobre el maltrato animal. no quiero, no puedo ver nada, porque puedo decir honestamente y sin que esto signifique que el sufrimiento humano no me importe, que el dolor animal generado por el ser humano es para mí el mayor dolor que he sentido jamás, me atrevería a decir que incluso mayor que mi mal mental.
pero, en fin, escribo esto porque he leído antes unas noticias que me enfadaron, y pienso que...bueno, en realidad, se ha equilibrado algo dentro de mí. acababa de terminar de releer werther de goethe, y tras tanto dramatismo pasional, una dosis de rabia de actualidad ha acabado por compensar la sensación que el libro me había dejado. sensación que por cierto, fue diferente a la dejada la primera vez que lo leí, hace unos cuantos años; como todos los libros que al releer hacen ver a uno lo mucho que ha cambiado. de hecho, juraría que estoy notando más cambios en mí ahora que estoy releyendo libros, que lo que he notado en el espejo.
pero ese es otro tema: tampoco pretendo seguir más este hilo. está bien saber, pero a veces he llegado a envidiar a esas personas que se pasan el día con un movimiento mecánico de deslizar el móvil hacia abajo en busca de nuevas fotos subidas de instagram, o de facebook o no sé, viviendo en una burbuja de ignorancia y puro hedonismo y necesidad de lo inmediato, porque estoy segura de que al menos en el sentido de conocer el horror del mundo, duermen mucho más tranquilos que yo.

12 agosto 2018

es como mirar un reloj
y sentir que chupas un cenicero:
     tu madre nunca fumó mientras comías su placenta, supongo,
pero algo morirá cuando te alumbre
como una calada mal expulsada
en uno de esos bares que te dices que nunca volverás.

pero

- nunca conté mientras doy ese beso
 que me enrosca su lengua a mi garganta cual serpiente sucia:
 cuando nací,
la matrona dijo: muerta,
y ahí estaba coleteando
 como un pez que respiró como si solo hubiera arena alrededor,
 y entonces mi padre lloró, mi madre petrificó,
APGAR 1 según recuerdo: ya estaba luchando
contra la tormenta de flechas
que se dispararían a posteriori en mi útero
como si fuese yo esa madre que esperara ese duro paritorio,
como si mi propio yo
fuese un embrión de mí misma: la nada.

alguna vez te has preguntado:

¿qué serías si te parieras a ti mismo?
- y no como serías si fueras un ser que se reproduce por bipartición asexual
                 sino:
como tu madre te parió:
como si fueras tú tu propia madre:
¿serías capaz de poner primero el pecho,
o alejarías ese hedor a placenta que todavía quiere ser feto:
la carne elíptica a cual tocar en cada mañana?
¿o tal vez serías aquella garganta que grite?
basta ya,
quiero este
ser
                   en una tripa que nunca se haya preguntado,
por qué estoy aquí oliendo acetona
   para no ser.

es como mirar un reloj
y sentir que chupas un cenicero:
¿por qué no serás tu propia madre
para poder maldecir en voz alta, a cada instante,
el momento en cual algo te hizo ser, como si nada?

     pero miras las horas, como imbécil:

olvidas lo escrito,
lloras lo ya llorado,
te ríes como imbécil
como si nada hubiera pasado.  

morfeo ronca en mi cama,

yo veo y respiro la nada,
en realidad, es como si no hubiera pasado nada:
lees por vez tercera la extraña muerte de ivan ilich
(nada ya extraña)
y te preguntas,
si acaso esto que escribes sirve para algo,
 (cuando te das cuenta que llevas un rato,
y tienes hipo y aguantas esa respiración y para nada).

sigues, y una célula más muere

 de tu trozo de cuerpo que siempre se cree eterno,

aunque lo que más me preocupa sea, francamente, la cara:
si te miras fijamente y aprecias que han pasado diez años,
comprendes que algo se fue: nada extraño.

el reloj sigue pasando,

y
bla bla bla: ya sabes lo que hay,
yo voy a cambiar la arena de mis gatos.



29 julio 2018

el sueño que tuve el sábado de mañana me ha hecho volver a escribir en este blog. 
para ser honesta, siempre he tenido un dolor acompañado de frustración porque siento que hay algo perdido y que tiene que ver con la escritura, algo que se asemejaría al reflejo de una momia que ve algo de resplandor en un espejo de su yo pasado. a veces he escrito sobre papel, he empezado unas cuantas novelas, escribo poesía o algo parecido, pero sigo con una barrera perpetua dentro de mí. esto no viene a cuento del sueño sobre el que iba a escribir, pero sí que es cierto una cosa: pasado el tiempo (llevo diez años con este blog abierto), aparte de que mi capacidad para escribir ha disminuido limitándose principalmente a las fases depresivas o situaciones similares, me he dado cuenta de que en el caso de la poesía, sólo soy capaz de escribirla en mi idioma materno, que es el rumano. no entiendo por qué, y tampoco entiendo esa relación, ya que he escrito durante años en español. pero en momentos de arrebatos de dolor, sucede una escritura automática en la cual se mezclan el castellano y mi idioma materno. digamos que en esos momentos las palabras anteceden al pensamiento, y no al revés. aunque según un estudio, en realidad muchas veces pensamos antes de lo que creemos: el inconsciente está procesando antes que nuestro consciente.
no me importa tampoco haberme alejado del tema que era el sueño que tuve, porque estoy escribiendo. durante mis bloqueos que han llegado a durar meses e incluso años, siempre he tenido una sensación de amputación, porque era consciente de que me faltaba esto, escribir. tiendo a infravalorar lo que escribo, aunque si soy sincera a veces he leído cosas mías del pasado, de hace 7-8 años (es increíble la velocidad del tiempo) y he sonreído pensando en que me estaba gustando aquéllo que leía. creo que en esas épocas estaba totalmente desinhibida, y el mecanismo inconsciente predominaba sobre el consciente que es aquél que me ha ido gobernando en los últimos años y que únicamente suelta su yugo en mis fases depresivas o ciertos momentos de extrema euforia y desinhibición.
el mero hecho de estar escribiendo sin pausas, sin pensar mucho en la palabra que seguirá, me hace sentir bien. me recuerda a mí misma hace unos años, porque no, ya no soy la misma. también es cierto que he seguido escribiendo, pero nunca en internet. y lo que he escrito ha sido olvidado por mí, teniendo acumulados cuadernos enteros llenos de líneas mezclados entre los libros en la biblioteca, como algo ya pasado, y peor aún, inexistente. digamos que mis escritos se volvieron una parte púdica de mi ser, inaccesible a los demás. 
aunque un día, hace un par de meses, en una crisis en el inicio de la enésima depresión, lloré de impotencia por ser incapaz de escribir en ese momento; semanas antes en un periodo de hiperproductividad había escrito tres guiones de novela y hasta dos guiones de película (estos dos últimos caminando por el campo gracias a luca, que me quería hacer ver que por mucho que diga que no tengo creatividad ya, la tengo ahí, pero siempre le tapo la boca con la mano de la inseguridad en mí misma). hace un par de meses, pues, en ese momento de horror a mí misma y ante la incapacidad de mi mente de crear así como la impotencia de mis manos de no poder escribir ni tan siquiera sin la complicidad de la mente - de manera automática, me fijé en una de las estanterías de la biblioteca, donde vi guardados cuatro cuadernos de escritos. y por un momento rompí ese cascarón de pudor y empecé a leer a luca cosas que había escrito y que desconocía y que es más, parecían ser de otra persona ya que transmitían mucho, tanto que me pregunté, ¿en qué momento escribí esto que no soy capaz siquiera de recordar? sí: habría sido en medio del dolor de una depresión, o en medio de un estado de ebriedad, o en medio de un estado de, quizás, hipomanía. y quizás por eso no recordaba haber escrito eso, o, sencillamente, debido a que en los últimos años siempre he considerado que toda creación mía es mediocridad y tras encontrarme con esos escritos de hace, como mucho, 3 años, me hizo reencontrarme con esa parte de ese yo amputado que tanta tristeza me genera.
me resulta extraño poder escribir sin pausas. eso significa que hay algo que ha vuelto. puede que sea por la depresión, que esta sea como la de 2015 que coincidió con mi mayor época de creatividad: escritos día tras día, decenas de canciones compuestas y grabadas por mí, la válvula del dolor abierta a la creatividad. no creo que sea igual que esa, ya que ahí el escribir era una compulsión extrema. a veces me levantaba en medio de la noche y escribía. me pasaba horas componiendo música con la guitarra y grabándome a mí misma con el teléfono móvil con la grabadora de sonidos y aunque esa calidad de audios no es precisamente buena, también me ha sorprendido a posteriori haberme escuchado, porque me pregunté, ¿realmente si he sido capaz de crear esto no podré volver a ser capaz nunca más?
considero que todo son fases, como todo en mi vida y que supongo que tiene que ver con mis enfermedades. pero más allá de eso, me siento bien, porque llevo un rato escribiendo sin juzgarme, sin pararme a pensar si hay algo que está bien. lo hago para mí. suenan de fondo los nocturnos de john field acompasados con la lavadora que he puesto y que se terminará pronto. antes vi el tambor girando y tuve ganas de centrifugar mi mente, por si se podía depurar alguno de esos pensamientos tristes e intrusivos que clavan sus dientes como pequeños vampiros de barro. pero he seguido escribiendo, que es una manera más de limpiar el cerebro, de vaciar el estanque y cambiar el agua de los peces que habitan en él, llenarlo de nenúfares y dejarlo estar, ya limpio, bajo el sol del verano.
ah, el sueño. sí: el sueño ha sido realmente raro. pero estoy dándome cuenta de que eso es secundario. hacía mucho que no entraba al blogger, y cuando vi un apartado de ''estadísticas'', entré por curiosidad. y con una grata sorpresa - no lo negaré, observé que todavía hay entradas mías que tienen muchas visitas, entradas escritas hace años, pero que tienen cientos de visitas. más allá de lo que podría ser un orgullo, hay un pensamiento que me hace pensar: no sé si esas estadísticas funcionan bien o no, pero si funcionan bien es que hay personas que me leen y que puede que aborrezcan o amen lo que escriba. o simplemente, les de igual. pero lo hacen. o si esas estadísticas están mal, me alegra saber que tampoco me condiciona escribir. es decir, si no ha sido vista por cientos de usuarios diferentes esas entradas realmente, no me importa en absoluto: estoy escribiendo y eso me hace realmente feliz.
¿el sueño? ah, sí, el sueño. voy a contar el sueño.
debajo de mi piso nunca ha vivido nadie desde que nos hemos mudado a españa, y en concreto, en este edificio (hace 16 años). yo vivo en la segunda planta y debajo de mi piso no vive nadie. pero ahora están haciendo reformas porque alguien ha comprado o alquilado, no sé. esto no forma parte del sueño, es la realidad. el sábado los obreros a las 8 de la mañana empezaron a hacer ruido. quise bajar, enfadada como es obvio, ya que después de una semana levantándome a las 5:30 para ir a trabajar, quería descansar el fin de semana. el viernes había salido con luca a tomar algo para despejarnos los dos después de una semana de trabajo. el caso es que me levantaron los obreros con el ruido y enfadada quise bajar, pero finalmente decidí intentar volver a dormir. yo no puedo dormir sin tapones de oído, y muchas veces luca, cuando no puedo dormir (que es bastante frecuente), me acaricia la cabeza y la frente, lo cual me relaja y me ayuda a dormir. intenté dormir de nuevo mientras luca me acariciaba la cabeza y lo conseguí. él estaba a mi lado tumbado trabajando con el portátil, ya despierto. me dormí, pero tras una hora y media me desperté sobresaltada de la pesadilla que había tenido y que posteriormente me dijo luca que era digna de un capítulo de ''el piloto ciego'', de giovanni papini. entonces pensé, ojalá no me hubiera dormido. pero me dormí, y el sueño fue el siguiente:
me despertaba y veía a luca mi lado con el ordenador. entonces, él me enseñaba un vídeo que había montado tras unas grabaciones que me había hecho mientras movía mi cabeza y mis brazos en el camisón de noche con el cual me acosté esa misma noche, algo parecido al vídeo de ''obedece a la morsa'': me movía de manera casi convulsa en la cama, con movimientos fijos. entonces él comparaba ese vídeo con unos vídeos de un ex-amigo suyo mediocre que se cree artista sin serlo y que trata con desprecio a los demás. yo entonces le dije: ''luca, ¿estoy soñando? es que cuando me he dormido después del ruido de los obreros tú estabas a mi lado con el ordenador, pero esto me parece un sueño''. él se limitó a decir que estoy despierta, pero yo dudando de sus palabras, me fui al salón, donde me encontré a mi padre y a mi madre con la misma ropa con la que los vi por la mañana cuando había salido de la habitación para quejarme del ruido de los obreros. entonces les dije desesperada ''mamá, papá, creo que estoy soñando, pero luca me ha dicho que estoy ya despierta''. entonces, mi madre me dijo: ''no estás soñando hija, tranquila, has tenido una pesadilla y ya está''. mi padre, como vio que seguía agitada, me dijo ''para ya, no exageres, tuviste un sueño en el cual creías estar soñando y ya está. estás despierta''. y justo en ese momento, mis dos gatos se habían puesto a pelear (como ocurre a veces en la realidad) y mi padre dijo: ''a ver estos gatos que se pelean otra vez, ¿qué ha pasado esta vez?''. entonces, ante la reacción de mis padres, me volví de nuevo a mi habitación donde luca seguía con su ordenador. y yo le dije''luca, es que creo que estoy soñando'', él me dijo, ''no, no estás soñando, silvia, tuviste un sueño, pero ya estás despierta, ya has visto que tus padres también te lo han dicho'' y en ese momento miré mi reflejo en la ventana y vi que no estaba ahí: yo no existía, en el sueño no estaba soñando para los demás, pero yo sabía que sí, hasta que vi que mi reflejo no estaba ahí, no había nada: yo no existía en mi sueño, por lo tanto sí, estaba soñando.
entonces desperté, sobresaltada. vi a luca en la misma posición que cuando me había dormido una hora y media antes y le dije: ''luca, he tenido una pesadilla, ¿estoy despierta de verdad?'', y él me dijo que sí. cuando le conté la pesadilla y es cuando me dijo lo de giovanni papini. luego se lo conté a mis padres, que estaban en el salón, con la misma ropa de antes de dormirme y con la misma ropa del sueño, y mi padre dijo que alguna vez ha soñado algo parecido y que es una sensación horrible.
no creo estar viviendo un sueño, pero a veces pienso en los extraños que son los sueños, porque pese a todo, nadie sabe a ciencia cierta lo que son. y que la vida a veces es un sopor, una imposición a cerrar los párpados a pesar de saber que seguirás sabiendo lo que hay allá. y ahora, aún siendo consciente de que estoy despierta (¿o no?) se me vienen a la mente las palabras de segismundo, en ''la vida es sueño'', de calderón:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

10 octubre 2017

siempre soñé con no mirar atrás
seguir tras la cortina de mis sueños.
siempre soñé con caminar sobre inviernos
entre pétalos anacarados de dulce escarcha.
pero siempre hay un disparo en mi nuca,
siempre hay una mano agarrándome del cuello,
ese crepúsculo que siempre acecha levantando la ceniza de mi alma.
siempre hay un llanto inoportuno en plena noche,
siempre un despertar de horror y hambre.
             la neurobiología es un asunto intrincado,
realmente hay un problema funcional ahí, en mi cerebro.
es cierto que si me hicieran una RMf, SPECT, MEG blabla
algo encontrarían, hoja marchita, jardín explosivo...
blaaaaabllaaaaa
MAÑANA SERÁ IGUALMENTE MARTES.
BUENO, EN REALIDAD YA ES MARTES PORQUE HAN PASADO MÁS DE LAS DOCE DE LA NOCHE.
LAMES RELOJES ESPERANDO SEDUCIR UN REFLEJO OSCURO.

la vida se agota poco a poco

como un gotero a punto de acabar
justo en el momento que una clama la última gota
sedienta bajo el árbol de la eterna espera
y el cráneo necesita un proyectil brutal
 de destrucción masiva.
quisiera poder llorar
sin las espuelas del tiempo en mis mejillas.
quisiera poder gritar sin voz y sin garganta
quisiera poder decir que la tierra es la sed eterna de soñadores,
quisiera poder gritar que nada ya importa.
PERO NO PUEDO.

la noche se asoma con sus dientes de hierro.

quisiera notar la sangre brotar 
tras ser mordida por ella en un muslo,
que nazca un rojo manantial de mis carnes
y pueda decir que la lágrima de mi sueño
podrá soñar con no mirar atrás
más allá de la cortina del sueño
porque 
nada importa si algún día todos morimos.
si la vida no es más que un absurdo que nos hace soñar
mientras la muerte y el dolor nos escupen fuera del mundo,
o más bien nos adentran más en el,
pues no es más el mundo que una flema dolorosa,
un sucio disparo en un pulmón desecho,
reflejo nauseabundo de la vida mundana,
reflejo de aquéllo que nos ha tocado ser.

13 julio 2017

los años venideros huelen a naftalina: es como vivir algo pasado.
el color es algo pasado también, es un azul pisado en barro.
te conformas con ver el verano como los veranos pasados y los venideros
pero yo no obstante veo una puerta para huir de tus veranos perpetuos.
   la verdad que das un trago y sientes que tampoco puedes ver ningún color en el cielo
y eso no es porque estés ciega: hay una especie de mujer con lengua gris lamiendo ojos ajenos
y al final sabes que tampoco puedes ponerte a romper papeles a altas horas de la madrugada
     porque hay algo en ti que piensa en el mañana
en ese olor a apuntes nuevos,
en ese pan recién horneado,
en esas vendas recién apretadas a los tobillos para correr más y más.
te hace bien, bien, bien, bien:
pero vas a ser totalmente franca:
actualmente solo hay naftalina y todo es como lamer una vía férrea oxidada del siglo xix.

10 julio 2017

el naranja es eléctrico.
          el aire es el mero soplido de un muerto.
el trago de la fuente es de la fuente de tus sueños muertos,
pero el único trago en todo este desierto.
          la voz del silencio es un grito ahogado por una mano amiga.
con tus propios dedos te abres en canal y aparece lo que buscabas desde niño y no sabías qué es.
das otro trago y aparece la felicidad que no pudiste paladear ni en sueños.
música electrónica que fue al azar puesta por ti acompaña el trago
        y lo que realmente molesta es que haya alguien pensando en mi, preocupándose por mí.
lo que realmente molesta es que haya alguien que no deja que uno se consuma,
que haya alguien condenado a la gran ciudad rodeado de hombres de hierro que se derriten como cera,
lo que realmente molesta es que uno no sepa dónde ir si no es más allá de la propia destrucción
                                              y que haya alguien diciendo: todo irá bien.
que no me importa todo ese todo irá bien,
porque no hay nada que tenga que ir bien: se trata de que la hoja cae en otoño,
la nieve se derrite al comienzo de la primavera,
el pájaro busca su nido y recoge las ramas cuando hace buen tiempo para tenerlas cuando llegue el tiempo gélido
y lo que importa es que en la sangre ya no hay ni música
y lo que importa es que ya nada importa
y lo que importa es que hay cinco luces encendidas aún en mi bloque
y lo que importa aún es que esas cinco luces en realidad son ecos de una muerte ya pronunciada
y lo que realmente importa es que nada importe de todo esto.

el naranja es eléctrico.

es una luz tenue como una sangre opaca que quiere mezclarse con el río,
es como una boca pintada de insultos hacia uno mismo,
y ya no hay música eléctrica sino la botella
                    y la botella esconde el secreto que viene del mar
que sólo en mi garganta se podrá descifrar.

no-nada hay en la noche más que la rutina del sueño

que sabe que mañana será despertar.
                   yo, no sé, supongo que alguien dirá que importa todo lo que siento,
pero yo me siento bien viendo la luz naranja de máquina sangrante,
y no sé, supongo que a alguien le importa que quien sangre soy yo,
pero yo no quiero ni me importa importar a nadie
porque lo que realmente importa es que la botella está ya casi vacía
porque lo que realmente importa es que de golpe estoy viva
porque supongo que nada más importa.

aquí en este barrio uno sólo puede esperara la muerte lenta y metálica.

aquí en esta vida uno sólo puede dar otro trago de vino que es dar un trago a la vida
                     y sentir que sólo así uno no se ahoga en el desierto de lo imposible
y sentir que sólo así uno se salva en su propia destrucción.

25 diciembre 2016

ya me he hecho mayor.

estoy en mi habitación, en rumanía, donde me siento ajena a todo cuanto me rodea. aquí he nacido, aquí he pasado los 12 primeros años de mi vida, aquí he vivido la única etapa de felicidad plena, mi infancia. pero me siento totalmente ajena, y es un sentimiento hiriente. 
miro de vez en cuando y espero que caiga algún copo de nieve, pero en vano. cuando era pequeña, me levantaba con una enorme ilusión en el día de navidad y todo estaba cubierto de blanco. ya ni nieva aquí, y para mí la navidad no tiene absolutamente ningún sentido. me cuesta entender la ilusión ajena, me cuesta introducirme a mí misma en esta marea de situaciones, porque simplemente, hace muchos años que no formo parte de nada de esto, y hay un sentimiento de desprendimiento brutal, lacerante.
miro por la ventana y el frío me corta las mejillas. a esta hora, prácticamente todo el mundo está dormido. parece ser que aquí se duermen antes, o me he acostumbrado a la vida de españa, y sí, me siento más de allí que de aquí, porque al fin y al cabo, es allí en españa donde tengo mi presente, aunque mis primeros años, mis cimientos, el único periodo en el cual no era consciente de mí misma ni de lo que el mundo es, y los veranos eran hermosamente eternos, está aquí.
no me reconozco en la gente: es de otro modo, creo que la pobreza no sólo embrutece, sino que hace a las personas más malvadas e individualistas. sólo miro con terror esa ucronía en la cual me quedo aquí y no me voy, porque, aunque jamás renegaré de mis raíces, me duele tanto lo que hay alrededor, me siento tan ajena que he entendido por fin que lo único auténtico que me une a mi tierra es mi infancia. cerrar los ojos y oler, rememorar esas mañanas de invierno en las cuales era feliz haciendo muñecos de navidad con mi hermana y mi padre, eso era felicidad, y ahora, lo único que comprendo, lo único real, es cerrar los ojos y rememorar.
a medida que pasan los años, también se van perdiendo los recuerdos, y es una lástima. dos amigas mías siempre me animaban a escribir un libro con anécdotas de mi infancia, porque son historias realmente magníficas. y tristemente, a medida que el tiempo pasa y la mente va siendo reemplazada por otros recuerdos, lo antiguo se va perdiendo.
a medida que escribo, se va apoderando de mí un terrible sentimiento de desnaturalización. siento una tristeza profunda, y mientras escribo, algo corta la superficie de mi piel. sí, los recuerdos se van perdiendo. salgo por la ventana y miro mientras el frío penetra en mis poros, y trato de recordar, y me doy cuenta que este olor es ese olor que viví en el pasado, pero también me doy cuenta de que ya no siento lo mismo que sentí al venir aquí hace dos años y medio, y esa vez tampoco sentí lo mismo que había sentido hace cuatro años, y es verdad, a medida que pasa el tiempo, me voy alejando de lo que un día fui, cuando me levantaba temprano para ir corriendo a ver los regalos de navidad junto a mi hermana, y veíamos chocolatinas, pepsi-cola y muchas mandarinas, y algún peluche de algún animalito. todo eso queda lejano, pero sigue hiriendo de una manera atroz, tal vez, uno de los peores sentimientos que un ser humano puede tener, ese de darse cuenta de lo irremediablemente perdido, ese de verse abocado para siempre a alejarse cada vez más de los años que recuerda con tanto amor, eso de sentir que se ha perdido para siempre lo que más se ha amado.
tengo ganas de llorar: ya me he hecho mayor, pero lejos de mis orígenes, lejos de lo que he sido. creo que parte de mi labilidad emocional se encuentra en que jamás he logrado aceptar que ya no soy una niña. y ahora estoy aquí y me siento ajena, e incluso recordar me cuesta cada vez más.
ya no entiendo la expresión de ''feliz navidad''. hoy he hablado por teléfono con una amiga de mi abuela, y se lo decía, pero sin sentir nada más que una frase. también una amiga mía de aquí de rumanía me lo dijo, pero tampoco sentí nada cuando le contesté con las mismas palabras. nada. es una frase dicha que hay que contestar, porque para mí, todo esto carece de significado.
más allá de que decir ''feliz navidad'' sea un mero acto de cortesía, ni siquiera soy capaz de sentirlo, como quizás lo podría haber sentido hace años, ahora que lo pienso, bastantes años. todo ha perdido el significado, y no hay nada especial en estas fechas para mí: veo luces decorando las calles y gente corriendo en la carrera de la última compra navideña, pero no me siento de ningún modo parte de esto. a medida que los años han ido pasando, se ha ido perdiendo poco a poco ese sentimiento de espíritu navideño, o como se llame. además, también yo soy de otro modo: mis vecinos me trajeron carne, un amigo de mi abuela también, la gente no para de comprar, y yo lo único que veo es ese cerdo que ha sido asesinado para servir de plato navideño, y evidentemente, no degusto absolutamente nada. aunque sí como mis sarmale de soja y champiñones, y soy feliz, pues al cocinarlas, ese olor me iba recordando a parte de mi infancia, cuando afortunadamente tampoco sabía qué era el sufrimiento animal más allá de los gatos que cuidábamos y a los que los niños del barrio quemaban con gasolina, o reventaban sus frágiles cuerpos contra la pared; no sabía qué era el maltrato animal más allá del hombre que tiraba piedras al perro, o el campesino que golpeaba a su caballo hasta que este desfallecía mientras yo lloraba y gritaba a mi padre diciéndole que por favor, le dijera a ese señor que no siguiera golpeando al pobre animal; no, no sabía qué era el maltrato animal masificado y sistematizado, aunque nunca olvidaré cuando los vecinos de la casa de abajo mataron a un cerdo y lo dejaron desangrar, mientras chillaba desesperado y yo gritaba de horror en mi casa asustando a todo el vecindario; no sabía qué era más allá de ese día que el perro de mis vecinos del bajo se escapó y entró en esta misma casa donde vi morir a un cerdo, y el dueño lo pegó hasta dejarlo paralítico, mientras yo desde la ventana gritaba que parase, sin poder hacer nada más, porque tampoco había nadie más para pararlo. la infancia era eso: no saber más allá de lo que se vive, y ay, qué gran inocencia y pureza envolvía todos aquéllos años. ahora todo eso, sólo queda en el recuerdo.
estoy en mi habitación, escribiendo. estoy resfriada, he perdido el sentido del gusto, me escuece la piel que rodea la nariz de tanto sonarme, estoy comiendo cacahuetes mientras bebo vino rosado que escondo bajo la almohada por si a mi abuela le da por levantarse y entrar a preguntar qué hago aún despierta, con ese cariño que sólo una abuela puede tener. estoy pensando en salir a la terraza y comer dulce, pues tengo casi un metro cuadrado de dulces acumulados, de diferentes personas que cuando llega la navidad, tienen por costumbre regalar dulces, como es típico aquí. ahora hay otra vida, el tiempo que estaré aquí, 3 semanas, lo dedicaré a estudiar para los exámenes del máster, y ya no hay esa ilusión que antes había. ahora hay inercia, un despegar de cuanto me rodea. 
la navidad ya no es para mí lo que era, y en realidad, ya no es nada: un día cualquiera.
recuerdo el primer día en el cual se rompió algo para mí inevitablemente: fue en esta misma habitación, donde estoy ahora mismo escribiendo. creo que tenía 10 años. se aproximaba la navidad. mi hermana y yo, no recuerdo por qué, pero creo que ella me había dicho que papá noel no existía y me lo quería demostrar, estábamos buscando los supuestos regalos de nuestros padres. de repente, en un sofá plegable que se hallaba en esta misma habitación donde estoy ahora, encontramos muchos dulces y mandarinas y algún peluche. entonces, se me rompió todo. se me rompió el ser, y sé que algo de mí murió para siempre. tal vez esto nadie lo entienda, pero no me importa. para mí fue un punto significativo entre la ruptura de lo que había significado la infancia, y lo que estaba por empezar: el dolor, el horror de la conciencia del yo y del mundo externo. algo de mí murió para siempre: recuerdo que se lo dijimos a nuestros padres, y ellos dijeron que en realidad, papá noel estaba cargado de regalos y dejó nuestros regalos ahí para facilitar su trabajo. yo sabía en el fondo que eso era mentira, pero me obligué a creer. era la primera vez en mi vida que me obligaba a creer algo que de antemano sabía que era incierto y que por mucho que pensase que era verdad, no lo iba a ser jamás. pero en ese momento, aún creí, dentro de mi inocencia, que iba a cambiar la realidad con mi deseo de que esa realidad cambiase. fue la primera decepción del mundo: aún a día de hoy algo se rompe bajo mi piel al recodar. y ya nada volvió a ser como era antes, y tal vez fue la primera mayor decepción de mi vida.
para mí, la navidad no significa absolutamente nada. ahora mismo, estoy resfriada, estoy mala, escribiendo y vaciando la bolsa de cacahuetes aunque no me saben a nada pues he perdido el sentido del gusto por culpa del resfriado, levantándome de vez en cuando bruscamente para mirar por la ventana, como si realmente esperase algo, dándole un trago al vino de cuando en cuando y con un papel en la mano para secarme los mocos que no paran de caer.

cierro los ojos: me veo mirando el cielo blanco en medio de la oscuridad con los primeros copos del invierno. mi hermana está a mi lado. papá noel prepara sus regalos para nosotras. abro la ventana para dejar caer un copo de nieve encima de mi mano y luego llevármelo a la boca. es tarde y estamos de vacaciones.

01 diciembre 2016

siento que es invierno, pero no

hace frío, pero no suficiente frío como hará pronto, cuando llegue el invierno. tengo escalofríos, aunque puede que sea por estas emociones, que también magnifican las sensaciones corporales. tengo una casi náusea corporal, una pólvora recorre mi cuerpo y acaba estallando en mi frente. hace frío.
me gusta mirar el cielo cuando está gris, y todo está oscuro, y parece que es casi de noche, cuando escucho a la gente mezclarse en las calles con la ilusión de buscar aún algo, cuando todo está perdido antes de que ellos estén ahí. es mejor el que nada busca ni nada espera y vive sin ilusión en algo ajeno, porque también vivirá con menos desilusión. esperar algo es morir esperando, aunque en estos días grises toda esa espera y esa pérdida inevitable resultan casi irrisorias, como cualquier cosa humana bajo este cielo tan oscuro. lo humano pasa de ser miserable a ser ridícula y simplemente insignificante.
no puedo pensar tampoco, porque estoy algo rota. soy como una cañería en mal estado que ha terminado por reventar y salpicar con sus aguas estancadas a todo lo que la rodea. me siento rara, como si se hubiera perdido también algo de fe en todo esto, pero no fe en los demás, sino en mí misma. la fe en los demás ya está perdida hace mucho, y eso hace que viva más tranquila, aunque parezca extraño. hace tiempo comprendí que no existen cosas en las que creí durante años y que muchas veces eran mi consuelo, como por ejemplo la amistad. al final, se trata de un contrato de intereses formulados sutilmente y en letra pequeña bajo el párrafo de la falsa incondicionalidad, y cuando esperas que los demás no sean así, puede que se rían de ti para recordarte que eres el único ingenuo que cree en algo. lo bueno de todo esto es que al final te quedas contigo mismo, y eres tú mismo quien sustituye a lo ajeno, por lo que aprendes a ser más independiente de los demás.
la fe que he perdido hoy ha sido la fe en mí misma, y que probablemente se recupere pronto, pero siento algo, sí. cuando perturbo mi propio equilibrio mental, es más desolador que lo ajeno. hay una fuerza de una magnitud brutal que tuerce mis muñecas, me desnuda y me expone ante mi propia humillación, ante aquélla autodestrucción masiva que como lengua lasciva lame cada poro de mi integridad mental.
sentarme y tomar el café caliente...el frío aglomerado en mis pies...
sin embargo, hoy hay algo extraño. siento que he hecho mal algunas cosas y que precisamente hoy me pesan, bajo este cielo gris donde nada más importa y todo queda reducido a partículas que intentan moverse con cierta coreografía sabiéndose insignificantes. no es momento para arrepentirse, porque no hay nada de lo que arrepentirse, pero sí para recordarme a mí misma que aquéllo que hago forma parte de lo que soy, que a la vez está implicado directamente en lo que hago, aunque en ninguno de los dos casos es una excusa cualquiera de mis equivocaciones. simplemente, me pesan mis errores, pero no me pesan los errores de ayer, ni los de mañana, me pesan los errores de hoy. concretizo mi propia frustración, y lograr cuantificarla hace quizás que esté menos enfadada con la explosión intensa que tengo dentro de mí y que es tan sensible al mínimo roce.
el tiempo pasa y muchos se quedan congelados, mirando esa pantalla del televisor, mientras se llenan los ojos de paisajes artificiales, y les agrada vivir en ese esperpento. precisamente porque miro desde fuera, me asusto mucho, porque veo una alienación masiva que me recuerda que debo tener más que nunca fe en mi misma, pero hoy en concreto, me he roto.
pero las horas en el reloj pasan. no hay nada que temer. no recuerdo por qué estoy aquí. me sacaron una muela de juicio, me dieron puntos, algo me duele, el nervio que pasa por varias estructuras hace que me duela más. algo de sabor a sangre, no sé, tomo antibiótico, pero puede que algo se haya roto ahí también, y como todo pasa, esto pasará también. no hay que darle más vueltas, es jueves, la tarde es como una noche, y se está bien, me gusta el frío, me está doliendo el hombro izquierdo por la postura que tengo al escribir ahora mismo, no importa, volver a este blog ha sido reencontrarme con algo perdido, es extraño, sí, pero está aquí. me encanta el olor a invierno, es como un despertar a la vida.
las horas del reloj pasan, y eso me calma. no hay nada más que hacer que esperar. ¿el qué? no sé, porque creo que he dicho que no hay nada que esperar. pero ah, me refería que no hay nada que esperar de la gente, de la vida en sí. puedo esperar la nada, puedo esperar simplemente nada, simplemente, esperar, por ejemplo: que el día de hoy pase. sí. esto puedo: simplemente, procuro mantenerme cuerda. pero hoy no puedo estudiar y ayer tampoco pude, y mañana no podré, pero tendré tiempo para recuperar, quizás. no hay que darle más vueltas: las horas del reloj pasan, desde que he empezado a escribir esto hasta ahora mismo, han pasado unos cuantos minutos.
se trata de esperar, a secas, sin esperar nada: que la noche sea ya, que mañana sea ya, aunque mañana no haya nada en concreto, simplemente, es mañana.

27 noviembre 2016

held the hand

de muchos modos me doy cuenta de que no soy la misma.
el picor de ojos se debe a una tormenta de polvo. tengo restos de películas cinematográficas y un disparo directo a la retina del tiempo.
claro que no soy la misma, pero antes soñaba más. tal vez el desgaste sea normal, uno se hace mayor, la coherencia se pierde precisamente en ese paralelismo inevitable entre paso del tiempo y obligación de lo coherente. antes podía hablar sobre una ilusión insaciable, hoy paso muchas tardes oyendo a daniel johnston sin pensar en nada: simplemente escucho y canto, y en ese momento, eso es lo único que hay. pero tampoco necesito más. me conformo con lo que tengo, y nada pido en ese momento, ni tan siquiera un poco de incoherencia, porque pese a todo, la mente sigue viajando a través de sus propios horizontes, y aunque fuera de ella impere una realidad distinta, dentro hay un mundo que se alimenta a sí mismo, independientemente de lo que haya en el exterior.
miro este blog que tenia abandonado hace años. ya en el último tiempo escribía de manera muy esporádica y de un modo casi forzado (forzada quizás ante mí misma para demostrarme que no me había abandonado del todo a mi misma ante lo ajeno). recuerdo que hace diez años escribía hablando de hombres con antenas parabólicas y masturbaciones melódicas, porque la visión era propia de ese entonces, porque tampoco soñaba con ese peso con el que ahora cierro los ojos cada noche. antes, a diferencia de ahora, tenía menos años, menos clavos en la piel, menos máscaras descubiertas en la hipocresía ajena.
no me arrepiento de nada, pero soy otra persona, y ya no tengo las mismas expectativas de la vida - directamente, ya no espero nada de la vida, ya no sueño con algo que algún día sea algo, pero tampoco es algo negativo. simplemente crecemos, e inevitablemente cambia todo.
los días de autodestrucción, de esa vorágine de suicidio en vida han ido creciendo con el tiempo hasta convertirse en el paradigma de la propia existencia, después en un eco lejano, y ahora en una constante equilibrada. hay que llevarse bien con lo que uno es, pero viviendo, al final, la vida como se supone que debe ser vivida. un equilibrio entre lo que uno quiere y lo que puede; porque nunca he podido vivir ni viviré conforme a lo que otros piensan que debo vivir.
nunca he dejado de escribir, simplemente dejé de hacerlo ante los demás. en los últimos dos años he rellenado cuadernos y cuadernos, y nunca he sentido tanto desahogo como cuando escribo o hago música. aunque aquéllo de la música es algo más voraz, es un huracán que pasa cada año, o año y medio, de la mano del ciclo depresivo inherente a mí, y cuando viene me lleva a crear de manera vertiginosa. nunca he dejado de escribir, pero tampoco soy la misma que era antes. no escribo para que me lea nadie, es más, después de la entrada en este blog, leo lo escrito como si fuese algo ajeno a mí, me leo a mí misma como a otra persona, y no es nada malo. supongo que es un ejercicio de autoconocimiento. 
lo único que me asusta de todo esto es el paso veloz del tiempo.

a veces no puedo dormir por las noches, porque pienso en una muerte a la que no temo de por sí, sino cuando viene acompañada de la idea de pérdida temporal.
a veces no puedo dormir por las noches, porque una enorme tristeza se apodera de mí, y lloro de manera desconsolada, pero al final me duermo, y al día siguiente me despierto, y vivo igual.
a veces no puedo dormir por las noches, porque tengo un miedo atroz. los pensamientos escapan a mi control, y una maquinaria de ideas desbocadas tejen un pánico casi enfermizo. cierro los ojos y espero a dormirme. y al día siguiente me despierto, y vivo igual.
también me asusta ante este cambio de los años que todo siga igual. tal vez nada haya cambiado, sino mi visión. tal vez el mundo siempre ha sido una ruina, una aglomeración de alienados perdida de manera irremisible, pero sea ahora cuando mi estupor haya alcanzado su punto álgido, y la fe haya muerto para siempre.
no importa: oigo a daniel johnston, y me da igual todo ya.

oh my lord/ I am so bored/ held the hand
of the devil.

todo ha cambiado, sí. todo ha cambiado.

23 noviembre 2016

antes los sueños eran otra cosa - podía soñar aunque soñase inconexo, porque la incongruencia era como un beso dulce y al mismo tiempo ácido, reconciliador. ahora soñar es perfilarse en algo menos abrupto, una especie de rectitud estúpida - parece ser que ya no se puede soñar sin soñar conexo, parece ser que se debe ordenar todo porque el pasar de los años obliga a uno a dejar lo inconexo y a vivir en lo ordinario de lo lúcido.
pero,
también es cierto que eso no es del todo así -soñar y despertarse con saliva seca en la comisura de los labios, olfatear el aire puro al entrar en la habitación cerrada que huele a mamífero que fragua en la noche su propio destino, levantarse de la cama y recordar que anoche hiciste lo mismo que la noche anterior y que es probable que esta noche hagas lo mismo,
pero,
por un momento te das cuenta que no te importa, porque el aire puro te devuelve de lo lúcido al sueño, y del sueño a lo ordinario de lo lúcido.
creo que antes podía soñar más, o simplemente, soñaba de otro modo.
ahora escucho los ruidos pre-oníricos como una emisión de radio puntual en esas noches que creo que es una redifusión, y además sin pensar en que el oyente pueda pensar que está siendo abandonado en medio de tanta concatenación verbal, porque el tono de voz parece no inmutarse ante las catástrofes que acontecen ante el radiolocutor: una hoja que rompe una frente, una bombilla que se funde y con ella la única esperanza en medio de la soledad, una vela que quema un recuerdo, un suicidio grotescamente cómico, un llanto que brota de un canal, un estrangulamiento con las propias manos - esas que en los sueños se asoman, una fortuna dilapidada, cualquier contexto para seguir viviendo, cualquier contexto para seguir soñando.

antes los sueños se podían soñar, ahora, simplemente, se acaban soñando.

30 junio 2014

estoy sentada, oliendo la nostalgia y viendo dibujada en el cielo la tormenta que es también la vida, y ya me siento tranquila sabiendo que este olor a pasado y a inocencia solo forma parte de la memoria pasada, y aunque me pese, sé que al igual que los recuerdos se van volviendo cada vez más borrosos a medida que pasa el tiempo, yo también me estoy disolviendo en el tiempo, y que esto será en un futuro un recuerdo borroso e insignificante, tan insignificante y a la vez intenso como la tormenta que pronto cubrirá el cielo.

08 abril 2014

hay una anti-creatividad dentro de mí. es un hecho, desde que soy incapaz de escribir y no sólo, de pensar, cuando intento pensar cómo era capaz de pensar y escribir como antes me doy cuenta de que algo ha ido decayendo en mí inevitablemente. sentarse y pensar, escribir sin parar. independientemente de la lista de reproducción que haya, no puedo ir más allá de quedarme sentada y pensar en que estoy sentada e intento pensar y escribir en vano sin llegar siquiera a poner una letra, entrando en ese bucle que es similar al que aparece cuando pones un espejo delante de otro espejo. es verdad que la vida son etapas, que si ahora vivo en sequía de inspiración hace ya años y que quizás sea así para siempre, lo cual me replantee mi propio concepto de vida: no es un vaciar solo de tiempo, también puede que yo misma sea un botijo con más relleno que cae y se derrama. no es solo el tiempo el que está dentro y fuera, hay algo a lo que no puede una culpar de su falta de creatividad. una cosa que antes había en mí era la inspiración, el hilo que me permitía crear mundo fuera y dentro de mí. ¿entonces el botijo está vacío? ni siquiera me puedo comparar a eso, desde que me he tragado literalmente un globo inflado que ahora se va desinflando poco a poco a medida que respiro, solo para tener una compañía en esta agonía que es el darse cuenta de la propia decadencia. una muerte anunciada.

10 marzo 2014

.

dejo correr los dedos
por la pendiente donde desciende la sangre.
hay un río cuesta abajo
abriendo la herida sin piel,
sin más sueño que la muerte.

los dedos arrancan la piel,
raptando bajo el tejido sin nervios
porque los nervios consumieron el hambre,
el hambre sin estómagos donde arrojarse.

cuesta abajo también hay una fuente
donde beberán los corzos,
donde llorarán ojos sin párpados
donde podré hundir mis dedos
bajo la piel sin tejido 
bajo el hambre devorada por mi hambre.

el corzo se desangra cuesta abajo,
mi hambre bebe de otra sangre que no es suya.

bebo sedienta de un río sin agua,
mi sangre sin sustancia es fuente de otra sed.

las ventanas se abren
sobre la colina siempre temblorosa
y siento como sigue lloviendo cuesta abajo
sueño tras sueño descargado de otros sueños.

corren mis dedos sobre el mar herido
las amapolas abren de par en par las compuertas
que se desangran hasta el océano
que hay más allá del agua de la vida

más allá de sí mismo
pendiente abajo,
donde descienden los sueños nunca soñados.

la muerte entre los dedos se evapora
y es el hambre que hay más allá 
y más allá hay otra sangre bañando mis ojos,
esos sin nervios ni hambre ni sangre.

26 diciembre 2013

POEMA DEL 13 DE DICIEMBRE.

hay un chico en la biblioteca de derecho
que no deja de mirarme el pecho.
yo le he dicho oye que yo estudio
pero él me dice 'es que yo soy rubio'.
yo le digo, '¿qué tiene que ver?'
él me responde: '¿te invito a comer?'
y me levanto y dejo de estudiar
total, si fijo que voy a aprobar.