17 marzo 2011

instrucción para librarse de un yo.

sácate de paseo al otro yo que te incordia, dado que no puede vivir en armonía contigo, invítale a una exposición sobre arte y mantén conversaciones cultas que le distraigan. invéntate un pretexto para hacerle esperar a la puerta de un bar, entras, te tomas una cerveza y finges estar entablando amistad con el director de una compañía de gas que puede enchufarte en su empresa. tómate otra cerveza, y luego otra, y no caigas en la compasión hacia el otro yo, que estará impaciente y mirando con cara lánguida a través de la ventana del bar. ignóralo, de vez en cuando lánzale una mirada burlona, como invitándole a marcharse y haciéndole sentir incómodo con la situación. si insiste, házle pasar. corta la conversación con el magnate del gas, déjale tu número de teléfono y prométele que le contestarás a sus mensajes siguiendo el hilo de la seducción. después emborracha al otro yo y házle que te use como hombro para llorar. déjale que te cuente sus penas, y convéncelo de que sus tristezas seguirán ahí el resto de su vida. házle ver lo deprimente que es su existencia. cuéntale maneras de suicidarse e invítalo a que sea él mismo el que tome la iniciativa. pero en ocasiones, como me ha ocurrido a mí hoy, el susodicho se espabila y se da cuenta de las intenciones malévolas que tienes con él, que quieres librarte a toda costa de su pesada carga para poder vivir tranquila sin que te incordie su presencia. en esos casos recurres a una psicología inversa, le pides que no te deje jamás, que por el resto de su vida se quede contigo, que te gusta que te moleste, que es como un grano de pus en la frente al que te da pena reventar porque te da demasiado miedo que se quede la cicatriz por siempre. entonces quizá para llevarte la contraria decida irse, mandarte al carajo y que de esta manera puedas quedarte tranquilo durante unos instantes en los cuales puedas comer pipas a orillas del río mirando como crece la montaña de cáscaras, ay, como crece hasta engullir el paisaje entero. entonces vendrán las hormigas, te harán compañía, ¿para qué necesitarás al otro yo?, las ves transportar cáscaras, cómo se van hilando ordenadamente bajo tu mirada, y sientes como te cosquillea la vista. pero de repente echas de menos a ese imbécil de yo malo, y entonces te das cuenta de que quizá el imbécil seas tú por necesitar esas dosis de autodestrucción diaria.

5 comentarios:

cielo ruidoso. dijo...

ahora ya no sé cuál de mis otro yo soy, ambos o quizás los miles que existen sean igual de imbéciles y todos me quieran mandar al carajo, por aburrida y sí, un híbrido sería la mejor solución, pero no sé en qué momento del tiempo podría detenerme.

dime tonta y ódiame, te invito.

mefuienavion dijo...

imbecil tu, imbecil yo, imbecil todos

cielo ruidoso dijo...

llueve en todos lados.

Eu. dijo...

imi place ironia. poate nu trebuia, dar m-a facut sa rad postul asta. iti trimit o imbratisare.

sigrid voinea dijo...

Creo que por primera vez, me he sentido identificada con algo. Eres ese alguien, al otro y lejano lado, que me entiende.