20 febrero 2011

No sé cómo he permitido degradarme tanto. He tenido que esperar hasta este día, para darme cuenta de lo rápido que me estoy pudriendo, y que mi única salvación sería el suicidio. Pero es en sí un acto tan arrogante incluso para mí, perdería el tacto en el último instante de mi vida. La sangre se colapsaría en mis venas antes del impacto final, y más bien la desesperación me acabaría matando antes que yo misma. Y además, está el mundo, que nunca me deja sola. Hasta ahora he vislumbrado la posibilidad de un cambio: en algún momento, lograría matar al monstruo que tengo en mí. Pero ahora sé que el monstruo se ha estado alimentando de mi ser en estos últimos años, y que ahora ha llegado a la médula. No le queda nada más, y tampoco quiere migrar hacia otro cuerpo para seguir creciendo. Aquí quiere su fin. Siento que explotaré en un llanto que nunca acabará, que me ahogaré en mis propios errores y aún así no aprenderé ni muerta. Que una vez momificada volveré a equivocarme, y mi cadáver se llenará una y otra vez de remordimientos, que se saldrán por mis órbitas como gusanos. Me duele tanto no poder volver atrás para recuperar mi memoria y sacudirla de estas termitas que me están devorando viva. Ojalá me evaporara y me inhalara la nada. Esta necesidad estúpida de existir, cuando no queda nada por lo que arrastrarse, es ya un vicio.

3 comentarios:

mefuienavion dijo...

silvia antes de morirte debo conocerte, esperame unos años. luego si quieres te disparo

K209 dijo...

trato hecho.

Eu. dijo...

acel monstru poate fi distrus. stii cum? cu multa fericire! daca vei incepe sa iubesti viata, fericirea va veni de la sine, fara sa o simti obligata.