28 febrero 2011

La falta de inspiración es un tóxico necesario para compensar la excesiva actividad límbica en los momentos de euforia. Cuando la mano busca el gran miembro en tu pantalón se encuentra con una
explosión inminente que dibuja itinerarios sobre mi cara. Y entonces plaf chaf zas crack, sigue tú las onomatopeyas irreproducibles del impacto. Que luego será la piel un mapa de ríos que correrán hacia abajo, por los labios, ya no importa, si en el final las rutas se entremezclan y todas acaban en la misma cueva. Perdida en el bosque acabaré tropezándome contra las ramas y los árboles me zarandearán, me arrancarán las bragas y me enterrarán viva. Las lombrices construirán galerías sobre mi vientre. El doctor llama al teléfono. Y debo colgarle y mentir que he muerto por una sobredosis de pastillas. Podrás mientras preparar un funeral ficticio. Mucho vino y tabaco y vino y tabaco y tetra brick barato mezclado con latas de cola de treinta y seis céntimos del mercadoahorro. Tabaco no de liar que no sé liar y prefiero alquitranarme de manera más cómoda. Mientras tanto aprovecharé este gigante instrumento de proporcionar placer mientras me vaya envenenando mentalmente.

3 comentarios:

Luis Alejandro Escudero dijo...

El falo de raices necesarias. Vegetación de los sentidos, vagabundear del propio yo. Que nos perdonen los talentosos de este mundo o del otro.

cielo ruidoso. dijo...

que no me perdone nadie. los gusanos podrían seguir.

deyu dijo...

ohh I accept to be your alien!!