05 noviembre 2010

Salí a fumar un cigarro y me quemé los dedos, porque se me olvidó que existo por un momento. Me acordé de ti y me eché a llorar. Sentí que te quería aún. Así que me volví a casa. Me tropecé por las escaleras por las prisas, y al llegar a la puerta, abrí con violencia el cerrojo. Una fuerza inminente me empujaba. No sé por qué. En la casa un aroma a incienso mezclado con absurdo envolvía las paredes. Encendí el ordenador. Empecé a ver porno. Me estuve tocando un buen rato. Mientras me masturbaba, pensaba en ti, pero de una manera irreal. Me empecé a empapar las bragas. Me las quité. Me metí en la boca el dedo índice y empecé a hacer circunferencias con la punta de mi lengua. Me imaginé tu voz llamándome perra al oído, y me fui a mi cama, arrastrándome a cuatro patas y con los labios chorreando éxtasis. Tiré las sábanas. Me tumbé. Empecé a llorar. Una vez más. Una vez más, acabaría con los muslos encharcados de flujos y soledad, todo, todo tan estúpido. Una vez más. No lo quería. Así que preferí que esa escena no se repitiera otra vez. No. Estaba tan harta de tocarme en esos momentos de desesperación, y acabar corriéndome entre mis propias manos. Así que me tiré por la ventana y me reventó el cráneo. Mis sesos se esparcieron. Luego no recuerdo nada. Creo que estaba en el paraíso, porque había mares de café y la comida no engordaba. Pero llovía, y me dolía la vida. Días después, fuiste a mi funeral. Te dejé viudo, después de que tú me dejaras a mí viuda. Yo no lloré en tu funeral. De hecho, el día que me dejaste, me estuve arañando las pupilas con la esperanza de que cayera algo, para exprimir un mínimo de sentimiento. Pero no pude llorar. Bebí y me acosté bañada en vino, y la mañana siguiente, al despertar, sabía que todo estaba en mi cabeza. Lo supe desde el primero momento en el cual empecé a redactar todo esto. Yo sé que a mi cerebro se lo comió un mosquito. Lo sé. En las baldosas se quedaron restos de sangre, y ahí plantaste sandías, para ir a reventarlas cada anochecer con un martillo, y simular mi suicidio. Yo me maté, pero en ese momento, no existía.

Esta mañana recordé todo esto. Me invadió una sensación de asco al revivirlo todo. Me llené el corazón de serpientes, que me vaciaron de todo sentimiento. Luego, estuve dando vueltas alrededor de mi propia imaginación, y acabé cayendo a un barranco. Empezó a llover. Grité en vano. Grité ''Dios es mi enemigo'', y con un crucifijo me empecé a masturbar. No sé por qué lo hice. Yo no pienso nunca en deidades. Y esto ha resultado ser una completa idiotez, pero era irremediable.

Pero no me importa.

Me voy a tomar un café. Luego saldré a morir un poco más. Porque esto es inevitable.

O quizás decida quedarme aquí.

No. Aquí no.

Ni ahí.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

te amo en secreto
sabes quien soy

dinosauria cuántica. dijo...

claro que lo sé, eres jesucristo.

sigrid voinea dijo...

me gustaba mas la otra versión. la que me mandaste por el messenger. no se, tenia otro comienzo... era como mas natural. esta está modificada XDD

Anónimo dijo...

no,soy un demonio llamado aiwass

dinosauria. dijo...

entonces si eres un demonio, yo también te amo.

Anónimo dijo...

casemonos

moco fluorescente dijo...

tendría que matarte luego, soy una viuda negra.