16 septiembre 2011

las hormigas me tapizan el cráneo. es totalmente comprensible que así no pueda pensar razonadamente. cada idea que se me escapa lleva implícita una parte insectívora que no puedo elegir, y tampoco me importa no hacerlo. la vida universitaria tiene cosas buenas, sí, me gusta, lo reconozco. ha acabado ya el verano, pero hace un calor muy feo. parece que agosto se ha acoplado a septiembre y lo persigue por doquier. todos chapuceamos bajo el sudor de los edificios, nos sentimos secos como pasas de higo cuando el sol nos quema a medio día, y queremos ya frío. cuando haga frío y estemos tiritando bajo cinco capas de ropa, nos acordaremos de estos momentos, nos consideraremos tontos por haber echado de menos el frío y querremos el calor, sin darnos cuenta de que, una vez llegado el calor, pasaremos por el mismo proceso, nuevamente. pero, ¿acaso algo de esto importa? ya no. pero enfocar la vida desde otra perspectiva es francamente positivo, y reconozco que es más fácil mantenerse uno bajo su propio peso. ya no me siento cada noche como si mi cuerpo no fuera mío ni tampoco pretendo tejer un mundo incompatible con el mío. de repente, estamos a mediados de septiembre, y no me importa haberme cortado sin querer demasiado el flequillo, aunque ahora se me vea un trozo de frente que parece decir, eh, de aquí pronto escaparán pensamientos sin sueño, al fin.

1 comentario:

mefuienavion dijo...

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